Relatos Insolentes IX
«Nacimos para estar juntas, eso estaba predestinado. Once años de vivencias, travesuras, risas y llantos, pero siempre juntas».
Cómo olvidar aquella tarde del 03 de mayo de 1984, cuando de puntillas entramos a la casa de la calle Cusco, aquella casa que por todo el cariño que nos brindaban, la hicimos nuestra.
Marujita en la cocina, papá Basilio en la Comandancia, todo estaba a nuestro favor; con temor y a la vez emoción, sacamos la carreta, yo al volante porque era la única con licencia para matar, adelante Camuchita con su pelo corto y sus tirantes chuecos, Francy con sus trenzas y su carita que parecía una manzanita y Lápiz con su eterna chompa blanca y sus garotas.
La aventura comenzó bajando la calle Cusco y usando mis pies de frenos, ayayay pobres mis zapatos de uniforme, unos Tedy que compró mi viejito en la zapatería del Sr Mautri, esos que eran eternos, te duraban desde primero de media hasta quinto y piña si te crecía la pata, los compró para Julieta, luego fue de Chany y al final terminaron en mis pies, así funcionaban las cosas en casa.
Volviendo al relato, con las justas pudimos llegar a la Av. Arequipa, ahí tomamos un descanso para comprarnos chicles Adams sabor a plátano, nuestro favorito, en la única carretilla de dulces estacionada en la esquina de Cusco y Arequipa, una vez recuperada las fuerzas, nuevamente trepamos a la carreta de papá Basilio, esta vez con más confianza ya que habíamos sobrevivido a la bajada de la calle Cusco y con esa confianza y con la adrenalina a mil, emprendimos una loca carrera por todo el Jr Arequipa y por supuesto que piropeando a cuanto chico se nos cruzaba en el camino, la gente en la calle nos miraba asombrados y escandalizados de ver una carretilla con un grupo de señoritas en uniforme, trepadas mismas cabras y ni hablar de la conductora que más parecía que le perseguía el nacacho.
A la altura del cine Abancay sentí que un carro me seguía, los nervios y los frenos me traicionaron y para evitar una muerte segura, decidí estrellar la carreta en la puerta del Grauino, ¡¡¡¡Sabia decisión!!!!
¡Todas terminamos golpeadas, yo ilesa, solo un golpe en la cabeza!!…
Ya podrán imaginarse cómo quedó la carreta, ese era el pequeño gran problema, tuvimos que llevarla por partes y de la misma manera que la sacamos, la dejamos en su lugar.
Lo que sucedió después, es otro tema, ¡pobre Lápiz!