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En estas fechas, todo el orbe entona por tradición o costumbre una pegajosa canción publicitaria: «Navidad, Navidad, blanca Navidad (…)», seguramente en alusión a Papá Noel y su cargado trineo por vías de nieve finlandesa, sin percatarse del real significado del evento, que recuerda el Nacimiento de Jesús.
Efectivamente, el milagro de estar vivos nos acerca a otra Navidad con nombre propio de fiesta cristiana para muchos, y con perfiles más bien mundanos para los más.
Desigual aguinaldo laboral, juguete barato y chocolatada en fila para el niño pobre, reuniones de agasajo institucional, feriado en puente, cenas y más etcéteras —casi siempre olvidando al Dueño del Cumpleaños, ausente en la mesa puesta—.
Creyentes y los otros, quienes sin credo ni fe se cuelan en la cola de agasajos, abrazos, papel y oropel, nos saturamos de materia, afanes, obsequios, brillo y mesa con panetón que se exilió de su natal Italia para instalarse sin temor en todas partes y el pavo infalible que paga «pato».
Es hora también, sin embargo, para una reflexión agradecida a partir de un versículo bíblico:
«El Señor pues, les dará esta señal: La joven está embarazada y dará a luz un hijo varón a quien pondrán por nombre EMMANUEL»
Isaías 7:14
La mencionada profecía de Isaías setecientos años antes de la Encarnación del Hijo de Dios en el seno de María es un episodio divino con historia humana que debe calar, ahondar profundo en cada espíritu, en el alma y yo personal de todos; en mente y corazón de cada quien, para internalizar, inclusive haciendo «mea culpa» particular, del profundo significado del nombre EMMANUEL.
En lengua hebrea significa DIOS CON NOSOTROS y designa a Jesús, Cristo o Jesucristo —Segunda Persona de la Trinidad— cuyo nacimiento (Navidad) celebramos universalmente este próximo 25 de diciembre, con todos al banquete y abrazos, muchas veces sin Él ni Sus Padres.
EMMANUEL no es únicamente una designación vacía o un título nominal como podría ser cualquiera de nuestros nombres; es la forma verbal con que Dios se da a conocer, se revela en Su naturaleza preexistente a Su pueblo; es la manifestación omnipresente que comporta una carga histórica de redención, amor, fe y esperanza porque, siempre —aunque haya negación por aceptarlo— Dios está con nosotros. (Si dejas de respirar por tres minutos, mueres. El aire es gratis).
Importante detenernos un instante para pensar al respecto: no estamos solos, la separación, abandono o desolación es momento, pasa. Nuestro espíritu dentro de su invisible envoltura aspira, espera, aguarda el Ofrecimiento Divino, la promesa principal de pacto Dios/hombre con la primera venida de Jesús (Navidad) que, al celebrar Su nacimiento, retrotrae la propia historia del ser humano en la esperanza de su porvenir, que obviamente se da porque somos Su todo y el todo está en cada uno.
También será necesaria una plegaria peruana conjunta al Niño Dios/Hombre en circunstancias políticas para encontrar sabiduría colectiva ante las próximas elecciones de gobierno nacional en el cambio a un mejor mañana, máxime cuando nuestras posibilidades de comportamiento ciudadano consciente deben poner fin a los espacios nocivos que aún nos rondan.
Un abrazo fraterno para quienes nos leen.
Linda celebración por la fecha será tener presente que NAVIDAD ES EMMANUEL.
Intinpa
Lima, 22 diciembre 2025
