¿POR QUÉ ILLANYA Y POR QUÉ PATRÓN JURADO DE ABANCAY?

por Hugo Viladegut Bush
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Reinicio

Una actualización necesaria cuando nos asalta la idea que la fe es un sustantivo de dos letras que ya nada tiene que ver en este siglo de urgencias y ajetreos.

Cuando pensamos que esa trilogía: Padre – Hijo – Espíritu Santo, es un invento que ya no encaja en el “lego total” de esta era de incredulidades.

La sensación le gana a la razón y la razón es una pérdida de tiempo. Entonces la amistad es una utopía y el galanteo un intervalo inútil entre el deseo y la sensualidad.

Vivimos para disfrutar el presente sin compromisos para mañana. Los sentires son carnales sin ataduras convencionales.

 

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Los Viernes Santo son días de reflexión y autoexaminación, aunque nos neguemos a aceptarlo por conveniencias personales.

Revisemos esta historia que nos llega de ayer y sigue siendo actual:

Todo indica que en el Valle de Abancay la comarca del Sur-Oeste fue un santuario, al que se le llama “waca”.

Illanya es el templo y el Señor Justo Juez, es la imagen cuya manufactura se pierde en el tiempo.

¿De dónde vino? La fecha se ha perdido en los pliegues de la memoria colectiva.

¿Quién la hizo? Nadie podría explicarlo. Es una obra de arte que representa a Cristo doliente amada por los Pikis de todas las épocas.

Hoy todo se resume en un lugar mágico y con la imagen a la que los abanquinos juran amar y seguir.

Illa es “resplandor del amanecer” y da origen a un adoratorio mirando al vértice formado por el final de la loma de Soqllaqasa y el cerro Kisapata.

El nombre de “Rontoqocha” no es para referirse a la forma de alguna de las lagunas en el ápice del abra.

Es la forma del sol al nacer y que sale al nuevo día con una silueta ovoidal que sale a saltos en determinada época del año.

Una waca debió haber levantado la falange Kichua que pobló esa planicie ligeramente inclinada.

Se explica así que, donde debía ser atardecer, es el amanecer por la espectacularidad del sol al rayar el nuevo día

El Señor Justo Juez, que es el Cristo flagelado con un rostro adolorido por los golpes inflingidos,

debió haber llegado con los españoles que se posicionaron en esas fértiles tierras dando origen a la hacienda que toma la waca como centro de actividades.

Aquí se levanta la capilla, sobre esa deificación aborigen. Así se produce la simbiosis del “culto al amanecer tras de Soqllaqasa” con el “Cristo sufriente” abajo en la llanura.

La nueva estirpe de mestizos abanquinos va convirtiendo en culto cristiano lo que antes fue un culto a la diversidad.

La imagen que despierta admiración y la historia luctuosa que la origina causa impacto en el aborigen.

El Justo Juez de Illanlla, luego Illanya, es el oidor de las injusticias, y quien bendice los campos de cultivo y a los nuevos mestizos.

El poblador de la ciudad y sus alrededores sigue la costumbre de visitar el adoratorio para depositar sus esperanzas.

Las parejas acuden en los atardeceres para jurarse amor eterno a los pies de la imagen del Cristo de los milagros.

Los nuevos abanquinos al regresar a su tierra continúan con la tradición de orar por la salud, el trabajo y la equidad.

Y en los años 50 se le atribuyó el milagro del alejamiento de la plaga de la langosta que a su paso escondía el sol y devoraba todo lo verde que encontraba.

De esa manera la costumbre de visitar los viernes y los Viernes Santo al Patron de la Ciudad se ha hecho un culto.

El Justo Juez de Illanya, ahora, es el patrón jurado de Abancay, nombrado así porque es oidor de promesas y juramentos.

Illanya es un santuario, el Justo Juez el depositario de quejas y esperanzas y el abanquino eleva sus preces los viernes desde todas partes del mundo.

Así la lingüística explica por qué el amanecer no es atardecer y la forma ovoidal es atribuida al sol y no a la laguna.

La relación Illanya – Rontoqocha tiene su data en tiempos que los almanaques no existían y el culto al Justo Juez seguirá por las generaciones del futuro.

Hoy es el primer día de los sufrimientos y muerte de ese Cristo que al morir nos abre la esperanza de días mejores y de encontrar el camino correcto.

¿Cómo entender que es el momento de hacer una pausa en la vorágine de nuestras vidas para encontrar nuestra verdad?

Inexplicable para quien no tiene capacidad de entender el amor como respeto y la amistad como compromiso de lealtad.

Nunca es tarde para mirar hacia nuestro interior y encontrarnos a nosotros mismos para hallar nuestra verdad.

Nos llama nuestro Padre, es nuestro Patrón Jurado… Su nombre: “Señor Justo Juez de Illanya” en su regazo se encuentra la paz.

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