PSICOLOGIA SOCIAL DE UN GRUPO DEFINIDO DE PERUANOS.

Partamos de decir que el peruano es complejo y multifacético, influenciado por la rica diversidad cultural, histórica y socioeconómica del Perú. Somos de una fuerte herencia hispana occidental, más quechua, aimara y amazónica y, en menor medida, africana y asiática. Esta diversidad se refleja en la psicología social a través de una expresión cultural que combina tradiciones ancestrales con influencias occidentales fuertes. 

El orgullo nuestro por la herencia cultural es el pilar de la psicología social de los peruanos, especialmente en torno a la gastronomía, el patrimonio arqueológico, los héroes de la patria, la bandera, el equipo de fútbol y las tradiciones. Sin embargo, esto no está exento de problemas como las rivalidades entre provincianos o capitalinos, equipos, religiones, o estatus sociales.

Analizar a los connacionales desde la perspectiva de la psicología es un ejercicio complejo, pues se debe describir el comportamiento de un grupo que no es homogéneo.

En este esfuerzo se reconocen varias variables que están incluidas, de algún modo, en esta interpretación; empezando por la conformación de una identidad que nos de la singularidad de reconocernos como una unidad propia, distinta a otros contextos culturales. La singularidad de los estereotipos, usos y costumbres, prejuicios y actitudes de discriminación. La diversidad del origen de los habitantes de los espacios urbanos grandes, -de los que nos ocuparemos aquí-. Así mismo consideramos la ideología inmersa en los comportamientos, cuyos ejes principales son la religión y la política.

La ideología más fuerte de los peruanos es la religión, principalmente el catolicismo, las que juegan un rol importante en la vida social. La creencia medieval en la vida eterna en un cielo paradisiaco, sigue vigente en millones de habitantes que profesan activamente su fe religiosa. 

Las festividades religiosas; el Señor de los Milagros, San Judas Tadeo, son espacios de cohesión social y expresión emocional. Los ritos católicos exceden el templo. La gente se persigna ante un cadáver o un edificio religioso o invocan a Dios en temblores o terremotos.  

La espiritualidad andina, también está presente en su conexión con la naturaleza, incluso entre los jóvenes urbanos. Los ritos del pago a la tierra, se hacen en los sectores de migrantes, cuando hacen el “tinku” de la cerveza, se tinca un poco de esta bebida dirigida al cielo, antes de beberla.

Los peruanos percibimos, en mayoría, la política con una mezcla de desconfianza, frustración y escepticismo, pero también con momentos de esperanza y cambio. La corrupción, la polarización y la desconexión entre las élites políticas y la población son temas centrales. Sin embargo, la diversidad cultural y regional del país genera matices importantes, con demandas específicas. Hay un gran sector de personas que no creen en la política y la soslayan sin reparos.

La psicología social de los peruanos está marcada por una desconfianza generalizada hacia las instituciones: gobierno central o regional, justicia, fiscalía, policía, instituciones de salud o educación debido a décadas de corrupción, inestabilidad política y desigualdad.

En ciudades costeras como Lima, Trujillo, Ica, Chiclayo o Piura el individualismo ha ganado terreno debido a la globalización, la búsqueda del desarrollo personal y la influencia de valores occidentales, lo que genera tensiones con las tradiciones colectivistas andinas.

Los peruanos hemos desarrollado, gracias a esta impronta genética, una notable capacidad de resiliencia frente a adversidades históricas y contemporáneas, como la colonización, agresiones del terrorismo, desastres naturales y desigualdades económicas. Esta capacidad de resistencia se manifiesta básicamente en el emprendimiento económico, que se lleva al límite de “hacer lo que fuere” y no morir de hambre o mendigar, aquí no hay límite de edad, por tanto, jubilaciones. El que quiere sobrevivir, sin ayuda del estado, debe trabajar hasta morir. Para esto somos ingeniosos, adaptándonos a entornos desafiantes con soluciones prácticas. 

En esto hay una gran dosis de humor, a menudo autocrítico o irónico. Los memes, chistes y apodos son el pan de cada día, para enfrentar lo difícil de la supervivencia. Aquí vale la observación del gringo George que resume filosóficamente la actitud del peruano. Al decir que todo se puede y hagámoslo, salga lo que salga: “Ya que chucha”, basta de preocuparse, ya se podrá, al final lo lograremos.

Hay también en nuestra psiquis social lo que llamamos la “Viveza criolla»: Este concepto, aunque controvertido, refleja una actitud de astucia o ingenio para sortear reglas o sistemas percibidos como injustos. Puede ser vista como positiva ya que nos adaptamos a una realidad difícil o negativa o llegar a las trasgresiones a la moral o faltas a la ética.

Sin embargo, cada vez nos reafirmamos como peruanos que el dicho antiguo “el peor enemigo de un peruano es otro peruano” está vigente; porque basta que alguien tenga una idea genial para que alguien salga de despotricar de esa idea, porque el sujeto no es afín a su causa. 

Ya Jorge Yamamoto, escribió en 2018 sobre la «tríada social del mal» que nos aqueja a los connacionales: envidia, chisme y egoísmo, frustrando cualquier buena iniciativa.   

Digo profundizando este aserto que, la envidia frente al éxito ajeno, desata emociones angustiantes, produce una frustración que desencadena en agresión, no es estímulo para generar conductas de emulación o mejora. Es una reacción autodestructiva que duele y ofende y encerramos en nuestra bitácora íntima y personal.  

El chisme muy arraigado desde épocas virreinales, se refiere a la práctica común de hablar sobre otras personas, obviamente de manera informal y con un ánimo negativo o especulativo, sin la presencia de los afectados pueden ser personas o instituciones. Este fenómeno social, aunque universal, tiene implicaciones negativas. El chisme mal intencionado, daña la reputación personal, afecta sus relaciones sociales y limita su actuar. Las instituciones se ven dañadas en su imagen, su credibilidad y ejercer las funciones para las que han sido creadas. 

La envidia esa emoción, caracterizada por la conciencia de ver a otra persona mejor, en combinación con sentimientos de inferioridad, hostilidad y resentimiento hacia esa persona. En la vida diaria, el rico, el empresario, o el que tiene un buen puesto y un gran salario no es un héroe silencioso al que todos pretenden imitar, no, es alguien a quien hay que traer abajo. Igualarlo en nuestra mediocridad. Allí no valen los apellidos, ni los contactos, ni los logros, ni la educación, el sujeto debe ser crucificado por su pecado; haber tenido éxito. Se iría entonces a la creación de una sociedad mediocre, negada a la meritocracia, reforzando así el credo nacional de la envidia.

El egoísmo, entendido en como los individuos priorizan sus propias necesidades y deseos, a menudo a expensas de los demás, y cómo estas acciones tienen implicancias sociales. Enfocarnos en nuestro propio interés y beneficio personal, puede llevarnos a ignorar o perjudicar las necesidades de los demás, incluso cuando algunos comportamientos se disfracen de altruistas.

 Igualmente se hace realidad, el encono entre peruanos la polarización ha llevado a descalificar a cualquier ciudadano no a partir de una realidad, una verdad sino del apoyo que muestre a una ideología.  Los peruanos ideologizados andan en busca de inútiles pretextos, para desestabilizar el país porque no son afines al régimen. No acatan que el voto es el soberano y que los cambios se hacen en las elecciones, tienen hambre de vacancia, adelanto de elecciones o renuncia de los mandatarios se vio con PPK, Vizcarra, Merino, Sagasti y Boluarte y opinan, activan o trabajan para agudizar los conflictos, que la economía colapse, que suban los artículos de primera necesidad, los combustibles y culpar al gobierno. 

Así transitamos entre conductas de odio y descalificación, adjetivando todo lo que sea el oponente. No hay lugar al diálogo alturado, al consenso, a buscar la armonía. Nos decimos democráticos, pero actuamos con una entraña autoritaria, dictatorial dirían algunos. 

Alguien podría pensar que actuamos por nuestra cuenta mostrando estas actitudes irracionales, en el daño que se hace a los bienes públicos, las instituciones o las personas, pero no. Hay un gran sostén que son los medios masivos de comunicación. Actúan firmemente en la transmisión y el mantenimiento del prejuicio y los estereotipos sociales, raciales y de género, en casi todas sus trasmisiones. Igualmente manejan el tema de la exclusión normalizándolo, sin dar pautas para su mitigación. Esta exclusión es perniciosa porque promueve que los grupos vulnerables de status pobres mantengan sus malas condiciones de vida, sin mostrarse pro-activos para mejorar las condiciones de su vivienda, educación, salud, inserción laboral y acceso a la justicia y al poder.

Van Dijk, decía ya en el 2007 que: …está demostrado que los mecanismos de exclusión se concretizan en las creencias estereotípicas, el prejuicio y la discriminación ante distintos grupos étnicos y raciales considerados de bajo estatus. Estos procesos sociales y psicológicos acarrean un conjunto de consecuencias que en su mayoría repercuten negativamente en los individuos, grupos y sociedades expuestos a experiencias de esta naturaleza, y están constituidos a partir de una red de discursos y prácticas sociales en la que interactúan imaginarios sociales y discursos individuales que se naturalizan y prevalecen en el tiempo.

Hay por cierto tareas urgentes: enfrentar la discriminación y el racismo: Persisten actitudes discriminatorias basadas en etnia, clase social o lugar de origen. Se discriminan a las personas de origen andino o amazónico, a quienes tienen en español como segundo idioma, a los que socialmente son pobres, a los que no han tenido educación superior. Lo deplorable es que las personas marginadas, asumen su marginación como culpa de ellos, aunque no sea totalmente cierto.  A contramano estos peruanos marginados muestran una actitud que se denomina: aspiracionalidad, que viene a ser la motivación que muestran por su movilidad social, lo que se convierte en un motor importante para el surgimiento y la mejora de la calidad de vida. Buscan mejorar su situación a través de la educación, el emprendimiento o la migración.

El enfrentamiento de peruano contra peruano, no es cosa sólo de individuos en el interior doméstico de sus casas o familias, sino que trasciende y son los medios que alimentan día a día, este malsano rencor que a la postre, nos impide vernos como nación prospera y bajan de sopetón ilusión alguna, como cuando a alguien se le ocurre decir “seremos potencia mundial” más de uno saldrá a maldecir egoístamente.

Todos tenemos algo de culpa en la construcción de esta realidad, pero ¿Cómo entender nuestros factores sociales, culturales y familiares o coyunturales que determinan nuestro comportamiento individual y colectivo?, éste el que nos debe llevar a conseguir una sociedad fraterna y solidaria, donde los enconos den paso a una paz social duradera. 

Basta de caer en el abismo social que miraba y avizoraba Basadre, es hora de poner una brecha o un puente entre peruanos, no más separación, lejanía entre familiares, amigos, compañeros de trabajo, colegas, sociedad. 

La desigualdad de poder existentes entre distintos grupos sociales que conllevan también diferencias étnicas y culturales al interior de la sociedad limeña, costeña o ribereña, ha hecho que los más pobres y vulnerables tengan serias dificultades para superar la situación desventajosa que supone su posición. Lo que dificulta su inclusión social, política y económica y promueve relaciones conflictivas entre los distintos grupos sociales.

Transitemos, entonces, a un entendimiento racional, dejando las emociones que nos mantienen sujetos a una rabia insensata que no tiene norte, en la vida. Una vida temporal, ya los griegos nos decían “memento mori” recuerda que vas a morir, no vale la pena malgastar el tiempo en medio del verde oscuro de la envidia, el chisme o el egoísmo. Mostremos nuestra mejor cara de personas civilizadas.

La psicología social del peruano de las grandes urbes es una mezcla de resiliencia, desenfado, colectivismo, orgullo cultural y adaptabilidad, pero también está marcada por desafíos como la desconfianza, la desigualdad y las tensiones sobre la identidad de grupo. 

En resumen, hagamos un manejo adecuado y proactivo de las normas, los valores y las creencias que impactan en la forma en que pensamos el Perú y sus posibilidades como dice Basadre. Sentir y actuar, tanto a nivel individual como dentro de grupos y comunidades, como una nación con una sola visión de futuro. Construir nuestra identidad social y lograr la participación de todos los ciudadanos en la construcción de un país mejor. No es un mero discurso verbal, es un anhelo que puede hacerse realidad, si actuamos con madurez de adulto, y no con niñerías o majaderías emotivas y primitivas. 

Lima, agosto del 2025

Luis Echegaray Vivanco, Psicólogo Social

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