La ruleta rusa vial que quieren imponerle a Abancay
La ciudad no es una mesa de billar donde un funcionario con casco blanco mueve líneas sobre un plano mientras toma café y dice: «Por aquí nomás». La ciudad es una criatura viva: respira, sufre, se rompe. Y Abancay, que bastante tiene ya con sus heridas, ahora debe soportar además el ingenio temerario de quienes creen que planificar consiste en agarrar un marcador rojo y desviar el problema hacia la calle del vecino.
Otra consecuencia del clientelismo y de la vieja costumbre nacional de confundir lealtad política con capacidad profesional.
Nadie discute que las vías destrozadas por el tránsito pesado necesitan reparación. Lo que resulta delirante —y peligrosamente delirante— es pretender curarlas trasladando el daño hacia otras calles urbanas que jamás fueron pensadas para soportar semejante castigo. Porque eso es lo que pretenden los ingenieros proyectistas iluminados de esta hora: meter tráileres por la avenida Díaz Bárcenas y hacerlos trepar luego por la avenida Núñez, como si la física fuese un detalle menor y la gravedad un invento pesimista de Newton.
Si ya ahora, con autos pequeños, combis impacientes, motocicletas suicidas y conductores que consideran las leyes de tránsito simples sugerencias filosóficas, circular por las estrechas vías de Abancay es una experiencia capaz de poner a prueba la fe, la paciencia y la presión arterial de cualquiera, imagínense lo que será cuando los monstruos carreteros invadan la ciudad. Hoy, en horas punta, uno avanza a vuelta de rueda, respirando hondo para no perder la compostura y encomendándose a Sarita Colonia para que obre el milagro de abrir un espacio entre bocinazos, taxis atravesados y peatones que cruzan con la serenidad de quien cree tener siete vidas. Pero al menos, dentro de este caos doméstico, todavía existe cierta lógica urbana. Ahora imaginen ese mismo laberinto ocupado por tráileres gigantescos, rugiendo entre esquinas estrechas, trepando pendientes imposibles y descendiendo como elefantes sobre patines. Lo que hoy es desorden podría convertirse mañana en una trampa de acero, humo y desesperación.
Cualquiera que haya subido por la avenida Núñez sabe de qué estamos hablando. No es una pendiente amable. No es una calle que uno recorre silbando. Hay tramos donde incluso los conductores más experimentados aprietan el volante con respeto. Los vehículos se esfuerzan, los motores resoplan, los embragues lloran en silencio. Más de una camioneta se ha apagado allí, y no faltan autos que retroceden unos metros mientras el conductor suda frío y encomienda el alma al cielo.
Y estamos hablando de vehículos ligeros.
Ahora imaginen un tráiler cargado con treinta toneladas intentando arrancar en plena pendiente, detenido entre Prado Alto, la primera carretera y la segunda. Imaginen el olor a freno quemado. Imaginen la caja retrocediendo lentamente. Imaginen a los vecinos corriendo, a los conductores tocando bocina inútilmente, al monstruo de acero buscando dueño mientras rueda cuesta abajo. Porque los tráileres no funcionan a base de optimismo burocrático. Funcionan con torque, adherencia, capacidad de frenado y cálculo técnico. Cosas poco fotogénicas, ciertamente, pero bastante importantes cuando una mole de treinta toneladas atraviesa una ciudad.
Y si la subida ya parece un examen para kamikazes, la bajada merece capítulo aparte.
Los frenos de un vehículo pesado no son eternos. Se calientan. Pierden eficacia. Fallan. Por eso las carreteras serias tienen límites de pendiente, carriles de escape y diseños geométricos pensados por ingenieros que estudiaron algo más que relaciones públicas. Pero aquí no hay estudios visibles, ni análisis de riesgo, ni simulaciones de carga, ni evaluación técnica integral. Aquí hay apenas un «desvíe por acá», dicho con la serenidad irresponsable de quien recomienda cambiarse de asiento en el cine.
¿Han calculado qué ocurre si un tráiler pierde frenos bajando Núñez? ¿Dónde está el estudio de seguridad vial? ¿Dónde el análisis de contingencias? ¿O la metodología oficial consiste en esperar primero el accidente y después organizar la conferencia de prensa?
La avenida Núñez no fue diseñada para tránsito pesado continuo. Díaz Bárcenas tampoco. Son vías urbanas, hechas para la vida cotidiana de una ciudad, no para convertirse en sucursales improvisadas de una carretera nacional. Cuando una autoridad decide convertir calles urbanas en corredores para carga pesada, lo mínimo exigible es una evaluación técnica seria: capacidad estructural del pavimento, radios de giro, señalización especial, horarios restringidos, planes de emergencia, control de riesgos y mitigación del impacto vecinal.
Yo no soy ingeniero vial, ni experto en transporte pesado, ni pretendo jugar al técnico de escritorio con casco prestado. Pero el sentido común —esa vieja ciencia despreciada por muchas autoridades modernas— dice que lo lógico habría sido habilitar primero la vía de evitamiento, aunque fuese de manera provisional y temporal, para recién después iniciar la reparación de las vías destruidas. Porque eso hace cualquier persona razonable: primero crea una alternativa segura y luego cierra el camino principal. Lo contrario es lo que hacen quienes improvisan sobre la marcha y convierten a toda una ciudad en experimento. Las autoridades anteriores dejaron crecer el problema con una mezcla letal de negligencia, indiferencia e incapacidad; y las actuales, en lugar de corregir años de abandono con planificación seria, parecen empeñadas en resolver un desastre fabricando otro.
Y hay un detalle adicional que vuelve todo esto todavía más absurdo: a las actuales autoridades les queda menos de un año de gestión. Menos de un año. En términos de obra pública peruana, eso apenas alcanza para inaugurar carteles, organizar conferencias y tomarse fotografías con casco y chaleco reflectante. Pretender que en ese tiempo se concluirán obras de esta magnitud —o siquiera que se ejecutarán de manera seria y ordenada— exige una fe que ya no pertenece a la ingeniería, sino al terreno de los milagros. Lo más probable es que la siguiente gestión herede calles abiertas, tránsito colapsado, presupuestos comprometidos y ciudadanos hartos; es decir, el viejo deporte nacional de dejarle el problema al que viene después mientras uno posa para la foto del «inicio histórico».
Pero aquí ocurre algo profundamente peruano: primero entra la maquinaria; después, si queda tiempo, se piensa.
Y el desprecio institucional aparece con toda claridad en la cronología. El Gobierno Regional anunció el inicio de la obra el 5 de mayo. El 19 de mayo difundía imágenes de maquinaria trabajando, como quien exhibe progreso en cámara lenta para redes sociales. Pero recién el 15 de mayo envió un oficio a la Municipalidad solicitando «coordinación» para el uso de las vías urbanas. Coordinación: qué palabra tan elegante para decir «ya decidimos; ahora colaboren».
El Oficio N.° 256-2026-GORE APURÍMAC/GRI-17 no consulta. No propone. No debate. Informa. Y entre las «colaboraciones» pedidas al municipio aparece una joya del descaro administrativo: el «bacheo o mantenimiento preventivo» de las vías que soportarán el tránsito desviado. Traducido al castellano simple: «Nosotros mandamos los tráileres; ustedes arreglan las calles cuando se destruyan».
Ni una línea sobre compensación económica. Ni una palabra sobre transferencia presupuestal. Ni una explicación técnica convincente.
Los planos adjuntos parecen hechos con la lógica del taxista apurado: flechitas, rutas y buena suerte. No detallan capacidad de carga, radios mínimos de giro ni manejo eficiente del doble sentido. La primera cuadra de Coronel González, con pendiente delicada, aparece incorporada sin análisis de riesgo visible. Los horarios diferenciados mencionados en el oficio ni siquiera están correctamente desarrollados en los planos. Y, por supuesto, tampoco existe evidencia de información adecuada a los vecinos de Díaz Bárcenas, Prado Bajo, avenida Núñez, Huancavelica o Coronel González, quienes deberán soportar ruido, congestión, vibraciones, deterioro y peligro sin haber sido siquiera considerados dignos de una explicación.
Porque en este país hay autoridades que creen que gobernar consiste en sorprender ciudadanos.
Esto no es planificación. Es improvisación con combustible diésel. Es la vieja costumbre nacional de confundir velocidad con eficiencia y propaganda con gestión pública. Se arregla una calle destruyendo otras. Se evita un problema fabricando varios nuevos. Se llama «progreso» a cualquier cosa que tenga maquinaria amarilla y un dron grabando desde arriba.
La estupidez monumental no está en querer reparar las vías dañadas. Eso es necesario. Lo verdaderamente monumental es creer que una ciudad puede ser tratada como terreno descartable; que la técnica puede sustituirse con apuro; que la seguridad puede postergarse; que los vecinos no importan; que la gravedad negocia; que los frenos obedecen resoluciones administrativas.
Y cuando ocurra el primer accidente —porque las malas decisiones suelen cobrar factura— aparecerán los mismos funcionarios con rostro compungido, hablando de hechos imprevisibles, como si la tragedia hubiese caído del cielo y no hubiese sido anunciada, advertida y escrita desde el principio en la pendiente misma de esas calles.
Carlos Antonio Casas Suárez, escritor y empresario dedicado a la difusión cultural y las tecnologías de la información. Tiene una carrera destacada gerenciando varias empresas a nivel nacional. Es un ávido lector y de esa afición, nació la idea de compilar las lecturas que usted lee hoy en esta revista.
4 com.
ENTRE IMAGINACION DE TIPO TECNICO E IMAGINADO TRAGEDIA EN MULTIPLE ARISTA.
Tany Pinto Sotelo20/05/2026 - 5:45 pm
No me alegra estar lejos de Abancay-; mi sufrimiento es mayor en ausencia, porque estando allá puedo compartir opiniones de primera mano y acceder aún con relatividad a uno que otro medio de comunicación social para hacerme oír.
Lamentable realidad, Carlos, la que acabas de hacernos conocer desde un análisis que debiera corresponder a los » profesionales técnicos » en materia y que, sin embargo has abordado con suficiencia en rigor más, las advertencias necesarias.
Recientemente he conocido la sempiterna y conmocionada vía de evitamiento que es un manicomio de barro , desorden, abandono, decidia ( Hasta llegar aquí cuánto tiempo han demorado las famosas ineptas autoridades local y regional ? Cuánto de dinero se ha invertido ? Se han dado a conocer a los ciudadanos estás realidades ?
Existe un espacio de diálogo entre aquellos que dizque nos representa. y nosotros ciudadanos en camino al hábito de aguantar total abismo de incomunicación ?
Asumir sin considerar los riesgos de integridad , vida y salud de los pobladores, ante una una facil y desmedida decisión, es una falta de respeto ciudadana y un abuso de autoridad , máxime cuando no esté legalmente justificada.
Nos estamos acostumbrando de brazos cruzados a pasar por alto, la improvisación, arbitrariedad, abuso autoritario, ineptitud, indiferencia, que están convirtiendo a nuestro pueblo en tierra de nadie.
Basta ya, de tanto abuso !
Creo que, es poner en riesgo a la población, exponer al peligro a estudiantes y en general a todo ciudadano de Abancay.
Estás avenidas están bajo la jurisdicción de la MPA. esperemos que ahora nomás permita sean declaradas vía nacional.
Es una irresponsabilidad y un total desconocimiento con riesgos de generar una tragedia los Abanquinos en conjunto la sociedad civil no tenemos que permitir tanto atropello espero pronunciamiento del Sr. Alcalde y Gobernador en un acto público
Tienes mucha razón Carlitos, la falta de planificación, pero también la falta de articulación y demasiado protagonismo para realizar las obras, sin pensar en el bien común, autoridades que sólo ingresan para y por intereses personales, aquí hay responsabilidad de Provias Nacional y de varios gobiernos locales, no sólo el actual, por la dejadez en apresurar una obra de más de 20 años de ejecución y no culmina. Hoy se requiere que Provias nacional brinde el pase por evitamiento, pero para eso se requiere ARTICULACION de las autoridades. Que no hay.
4 com.
ENTRE IMAGINACION DE TIPO TECNICO E IMAGINADO TRAGEDIA EN MULTIPLE ARISTA.
No me alegra estar lejos de Abancay-; mi sufrimiento es mayor en ausencia, porque estando allá puedo compartir opiniones de primera mano y acceder aún con relatividad a uno que otro medio de comunicación social para hacerme oír.
Lamentable realidad, Carlos, la que acabas de hacernos conocer desde un análisis que debiera corresponder a los » profesionales técnicos » en materia y que, sin embargo has abordado con suficiencia en rigor más, las advertencias necesarias.
Recientemente he conocido la sempiterna y conmocionada vía de evitamiento que es un manicomio de barro , desorden, abandono, decidia ( Hasta llegar aquí cuánto tiempo han demorado las famosas ineptas autoridades local y regional ? Cuánto de dinero se ha invertido ? Se han dado a conocer a los ciudadanos estás realidades ?
Existe un espacio de diálogo entre aquellos que dizque nos representa. y nosotros ciudadanos en camino al hábito de aguantar total abismo de incomunicación ?
Asumir sin considerar los riesgos de integridad , vida y salud de los pobladores, ante una una facil y desmedida decisión, es una falta de respeto ciudadana y un abuso de autoridad , máxime cuando no esté legalmente justificada.
Nos estamos acostumbrando de brazos cruzados a pasar por alto, la improvisación, arbitrariedad, abuso autoritario, ineptitud, indiferencia, que están convirtiendo a nuestro pueblo en tierra de nadie.
Basta ya, de tanto abuso !
Un gran riesgo
Creo que, es poner en riesgo a la población, exponer al peligro a estudiantes y en general a todo ciudadano de Abancay.
Estás avenidas están bajo la jurisdicción de la MPA. esperemos que ahora nomás permita sean declaradas vía nacional.
Irresponsabilidad
Es una irresponsabilidad y un total desconocimiento con riesgos de generar una tragedia los Abanquinos en conjunto la sociedad civil no tenemos que permitir tanto atropello espero pronunciamiento del Sr. Alcalde y Gobernador en un acto público
Falta de planificación y articulación
Tienes mucha razón Carlitos, la falta de planificación, pero también la falta de articulación y demasiado protagonismo para realizar las obras, sin pensar en el bien común, autoridades que sólo ingresan para y por intereses personales, aquí hay responsabilidad de Provias Nacional y de varios gobiernos locales, no sólo el actual, por la dejadez en apresurar una obra de más de 20 años de ejecución y no culmina. Hoy se requiere que Provias nacional brinde el pase por evitamiento, pero para eso se requiere ARTICULACION de las autoridades. Que no hay.