Hay algo que dice mucho de una profesional cuando una ciudad que no es la suya le confía la organización de su fiesta más grande. Diana Cuaresma Fuentes es de Abancay, capital de Apurímac, y hoy dirige la Empresa Municipal de Festejos del Cusco, EMUFEC S.A., la entidad responsable de gestionar las celebraciones más importantes de la capital histórica del Perú.
Y vaya que tiene trabajo por delante.
Durante junio de 2026, Cusco desarrollará más de 150 actividades como parte de sus tradicionales fiestas jubilares. El plato principal, como cada año, es el Inti Raymi. La fiesta se celebra cada 24 de junio, y ese día no solo representa la celebración al Sol, sino también el Día del Cusco
El programa del Mes Jubilar incluye ceremonias religiosas, desfiles folclóricos, conciertos, concursos culturales y espectáculos innovadores. También figuran el Corpus Christi con el tradicional Chiriuchu, festivales gastronómicos y un novedoso espectáculo de drones que promete convertirse en uno de los principales atractivos turísticos del año. Toda esa maquinaria festiva pasa, en algún punto, por la mesa de Diana Cuaresma.
No es la primera vez que asume responsabilidades de ese calibre. Antes de llegar al Cusco, se desempeñó como directora de la DIRCETUR Apurímac, el brazo territorial del Ministerio de Comercio Exterior y Turismo en la región.
Ese perfil explica lo que viene haciendo en EMUFEC. Bajo su gestión como Gerente General, la empresa viene consolidando una red de alianzas institucionales que amplían el alcance de su trabajo más allá de los fuegos artificiales y los desfiles. El convenio más reciente lo firmó con la Universidad Continental: un Convenio Marco de Cooperación Interinstitucional que abre las puertas al trabajo conjunto en ámbitos académicos, culturales, de investigación e innovación.
Dicen que nadie es profeta en su tierra, y en los pueblos del interior del Perú eso suele ser más verdad de lo que conviene admitir.
En Abancay tendemos a enterarnos tarde de lo que hacen los nuestros cuando ya lo están haciendo lejos, y a aplaudirlos menos de lo que merecen cuando todavía están cerca. Es un defecto viejo, de esos que no duelen porque nadie los reconoce como propios.
Por eso vale la pena detenerse un momento y mirar lo que está pasando en el Cusco.
Una abanquina, con formación y trayectoria ganadas en su propia región, dirige hoy una de las empresas municipales más visibles del país en vísperas de su mes más exigente. No llegó por casualidad ni por favor de nadie. Llegó porque ya sabía cómo se hace esto. Y eso, para Abancay, debería ser motivo de orgullo genuino: no el que se expresa con una foto compartida en redes, sino el que obliga a preguntarse cuántos talentos más están haciendo lo mismo en silencio, esperando que alguien en su tierra se dé cuenta.
¡Enhorabuena por ella!