UNA HISTORIA DE NAVIDAD

por Alfredo Vásquez Espinoza
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Reinicio

1963

Corría la Navidad de 1963, don Niño Fredy tenía cinco años y medio, cuando los amigos de papá Alfredo le preguntaban su edad, alegremente decía, 5 1/2, (cinco y medio); los viejos reían a mandíbula batiente, don Niño Fredy era un centro de entretenimiento, a veces motejado como Jaimito; el niño precoz.

Esa Navidad del 63, don Alfredo era, Alcalde, presidente del Rotary, presidente de la Beneficencia, Presidente de la Junta de Obras Públicas (hoy gobierno Regional) y Presidente de la Junta de Pequeña propiedad, y otros cargos más, ese año don Alfredo había inaugurado el moderno hospital general de Abancay, en terrenos de Patibamba.

La población de Abancay tenía muchas carencias y necesidades así que en común acuerdo entre, la alcaldía, Rotary, prefectura y otras entidades. Acordaron dar mil (1,000) raciones de galletas y juguetes a los niños de la ciudad. La cola era inmensa, los niños se arremolinaban frente al antigüo local del Colegio Grau en el jiron Arequipa;

Don Hugo, tenía 11 años, y se enteró de la noticia, repartirán juguetes a los niños pobres, se puso una camisa vieja del uniforme escolar, de características militares color beige, envejecida por el uso previo de Juan durante 5 años, Cesar 5 años y ahora Hugo, que lo usaba por primer año, la camisa tenía quemaduras de carbón, que Hugo le había hecho a la camisa, simulando un enfrentamiento armado frente a los Españoles, tenía “perforaciones de bala en pecho y salidas por la espalda” como eran metralla ingresó una bala y había tres salidas. Con esa camisa, más un sombrerito roto, eran la indumentaria de don Hugo. El Niño Fredy, que usaba terno a diario, como su papá, se vistio ese 24 de diciembre como de costumbre.

Eran las 11 de la mañana y la cola de niños pobres era enorme, no había reparto aún, el ex colegio Grau, permanecía cerrado. Las expectativas crecían, llegaban niños de todos los rincones, de Huanipaca, de Prado, del señor de la Caída, de Condebamba, del Olivo, de los extremos de la capital departamental.

Hugo se puso al final de una fila, pasos más atrás estaba el niño Fredy, pasaban los minutos, y la expectativa crecía, la cola también, ya era un adelanto de los tiempos de Alan Garcia. Colas largas, en ese breve tiempo de ser el último se pasó a estar en medio de la cola.

Había niños desde 5 años hasta 13 años, la cola disciplinada en un principio se convirtió en un caos, había niños que recién habían llegado y deseaban estar en la primera fila, los niños por reflejo, cerraron los espacios, tanto que ya parecía una serpiente todos bien apretados; y llegó un niño pícaro que se puso al final de la cola y dijo. Los estoy cachando a todos, y el primero de la fila se retiro, el niño que estaba al final, corrio y tomo el lugar del primero, y gano por sustitución ser el primero de la fila de niños “pobres”

Llegó un cargador acompañado por dos funcionarios del municipio, y un voluntario de la escuela 661. El señor Diarrea, el señor Novoa del Municipio. Y alguien más.

El niño pícaro, fue el primero en recibir su bolsita de papel, llena de galletas de animalitos y galletas bañadas en chocolate, y un pequeño juguete, de plástico, generalmente un carrito.

Pasaba un niño, pasaba otro, pasó Don Hugo, faltaba uno para que pase el Niño Fredy y resonó la voz aguardentosa del tal Novoa, que chillo, al mismo tiempo que alargaba la mano cual lagartija humana, este niño no va, y haciendo gala de su fuerza de cuarenton despechado, tomó al niño Fredy del cuello del terno y lo sacó de la fila, terminando su argumento, este niño no va, este niño es el hijo del Alcalde. NO VA.

El niño Fredy, viendo la injusticia, el otro hijo del Alcalde ya había recibido su bolsa de galletas y no fue discriminado. El niño Fredy lloro y lloro, Don Hugo compartió media galleta de animalitos, y un octavo de galleta bañada en chocolate, según cuenta don Fredy en su testamento, (2158) “eran las galletas más deliciosas que probó en su puta vida”.

El niño Fredy seguia llorando, desconsoladamente, y fue conducido donde su mamá, que estaba en el despacho de Prefectura, con otras damas de la sociedad, la Señora Aurora de Paz, y otras señoras; el niño contó brevemente, lo sucedido, doña Pina, hizo traer una caja del almacén, de las galletas que ella misma había escogido enviándole una papeleta al señor Soto, el distribuidor de galletas, que al salir del evento ella pasaría a pagar la nueva caja de Galletas. El niño Fredy no estuvo satisfecho, las galletas nuevas tenían otro sabor, al seguir el llanto la señora Pina, le hizo otra papelera a don Soto por una caja de galletas bañadas en chocolate, lo que tampoco calmó al niño; luego pidió al distribuidor de juguetes de plástico que le enviara una docena de carritos y nada, le pidió a una asistenta, que le trajera 10 bolsas de papel llenas de presentes. Y nada, nada calmaba al niño Fredy.

Llevaron al niño a la Alcaldía, y alli estaba don Alfredo, sesionándo, con los concejales, suspendio el acto, y atendió al niño Fredy, le escucho, y comprendio que el problema no eran las galletas, sino el abuso y la discriminación al que fue sometido por ese tal Novoa.

Cuando fueron a la cola, allí estaba Novoa, supervigilado, sacando de la fila, a los niños no pobres, misión que cumplía con una sonrisa sádica, este mal funcionario público.

!Oiga usted carajo!, por qué saco a mi hijo de la cola?,

Novoa, con la conducta de un perro genuflexo dijo, …señor alcalde usted dijo, estos presentes son para los niños “pobres” ….

!!!Carajo!!! dijo don Alfredo. Dio media vuelta y movio la cabeza.

MORALEJA:

Cuando las ordenes no son claras, los funcionarios abusan.

En Ccalihuarma, cuantos niños Fredy tendrán que ser sacados de la fila por los Novoas de turno???

No solamente es la galleta, es importante velar por la salud mental.

COROLARIO: Esa noche, el niño Fredy recibió de regalo un automóvil a pilas, en la fiesta de Navidad en el Hotel de Turistas. (1963)

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