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UNA REFLEXIÓN SOBRE LA CALIDAD DEL PRODUCTO Y EL POSICIONAMIENTO DE MERCADO DESDE LA TRADICIÓN ANDINA
La chicha constituye una de las bebidas más emblemáticas de la cultura andina y representa un símbolo de identidad, sociabilidad y tradición que ha perdurado desde tiempos prehispánicos hasta la actualidad. En los pueblos andinos del Perú profundo, los establecimientos donde se expende esta bebida suelen anunciar su venta mediante una bandera roja colocada en la entrada. Sin embargo, existe una expresión popular que afirma: “La buena chicha no necesita bandera”, haciendo referencia a que la calidad del producto es suficiente para atraer a sus consumidores sin necesidad de publicidad. El presente artículo analiza esta expresión desde una perspectiva antropológica y de marketing, estableciendo una analogía entre la reputación de la chicha tradicional y las teorías contemporáneas sobre calidad, participación en el mercado, satisfacción del cliente y posicionamiento de mercado. Se concluye que la excelencia del producto constituye uno de los factores más importantes para la sostenibilidad y competitividad de cualquier organización.
La chicha es una bebida fermentada elaborada principalmente a base de maíz, cuyo consumo se remonta a la época preincaica y alcanzó gran importancia durante el Imperio Incaico. Diversos estudios arqueológicos, históricos y gastronómicos señalan que esta bebida cumplía funciones alimenticias, rituales y sociales, constituyendo un elemento central de la convivencia comunitaria en el Tawantinsuyo (Morris, 1998; Murra, 1975).
En la actualidad, la chicha continúa siendo consumida masivamente en los Andes peruanos y presenta una gran diversidad de sabores y colores según la materia prima empleada en su elaboración. Tradicionalmente, suele acompañarse con pequeños platos de comida regional, conocidos en algunas zonas de la sierra como hayari, que complementan la experiencia gastronómica.
Los lugares donde se vende esta bebida suelen identificarse mediante una bandera roja, símbolo ampliamente reconocido por la población. Sin embargo, cuando una chicha es reconocida por su excelente sabor y calidad, los consumidores la buscan independientemente de la señalización o de la distancia que deban recorrer. De esta realidad surge la expresión popular: “La buena chicha no necesita bandera”.
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Esta afirmación posee una profunda analogía con los principios del marketing contemporáneo, en los cuales la calidad y la satisfacción del cliente generan reputación y lealtad, convirtiendo al consumidor en el principal promotor del producto.
La chicha como patrimonio cultural andino
La producción y consumo de chicha forman parte del patrimonio cultural inmaterial de los pueblos andinos. En el Tawantinsuyo, la bebida se utilizaba en ceremonias religiosas, festividades agrícolas y actividades comunitarias, fortaleciendo los vínculos sociales y la reciprocidad.
Según Murra (1975), la economía andina se sustentaba en principios de cooperación y redistribución, en los cuales la chicha desempeñaba un papel importante como elemento integrador. Asimismo, Morris (1998) señala que la producción de chicha estaba asociada a espacios específicos y a conocimientos transmitidos de generación en generación.
Actualmente, la tradición persiste y la calidad de la bebida continúa siendo el factor determinante para su aceptación social. Las personas suelen recorrer largas distancias para consumir la chicha de mayor prestigio, demostrando que la reputación construida a través de la experiencia del consumidor es más poderosa que cualquier mecanismo formal de promoción.
La analogía entre la buena chicha y el marketing moderno
La frase “La buena chicha no necesita bandera” puede interpretarse como una metáfora del comportamiento del consumidor y del posicionamiento de los productos en el mercado.
Desde la perspectiva del marketing, la calidad constituye la capacidad de un producto para satisfacer o superar las expectativas del cliente (Kotler y Keller, 2016). Cuando ello ocurre, se genera satisfacción, confianza y fidelidad, elementos que impulsan la recomendación boca a boca (word of mouth), considerada una de las formas más eficaces de promoción.
En este sentido, la bandera roja utilizada para anunciar la venta de chicha puede compararse con las estrategias de publicidad y promoción utilizadas por las empresas modernas. Sin embargo, cuando el producto posee una calidad excepcional, la reputación construida por los consumidores adquiere mayor relevancia que la publicidad misma.
Calidad, reputación y sostenibilidad empresarial
La experiencia de la chicha andina demuestra que la calidad genera una ventaja competitiva sostenible. Cuando un producto satisface las expectativas del consumidor, este no solo vuelve a adquirirlo, sino que se convierte en un promotor espontáneo.
La reputación, entendida como la percepción positiva acumulada a lo largo del tiempo, representa uno de los activos intangibles más valiosos para las organizaciones. Diversos estudios señalan que las empresas con altos niveles de calidad y satisfacción del cliente presentan mayores índices de fidelización y sostenibilidad (Porter, 1985).
La expresión “La buena chicha no necesita bandera” constituye una valiosa enseñanza proveniente de la sabiduría popular andina. Su significado trasciende la simple referencia a una bebida tradicional y ofrece una explicación intuitiva sobre la importancia de la calidad y la reputación en el comportamiento del consumidor.
La experiencia histórica de la chicha demuestra que cuando un producto satisface plenamente las expectativas de quienes lo consumen, la promoción deja de depender exclusivamente de mecanismos formales y se sustenta en la confianza y recomendación social.
En consecuencia, las organizaciones modernas pueden encontrar en esta tradición andina una fuente de inspiración para desarrollar estrategias orientadas a la excelencia, entendiendo que la calidad sigue siendo el principal factor de diferenciación y sostenibilidad en mercados cada vez más competitivos.
Desde mi experiencia personal, mi infancia y adolescencia estuvieron íntimamente ligadas a la preparación de esta mágica bebida que mi abuelita preparaba todos los días para su expendio entre el contingente de pobladores sedientos del pueblo y los viandantes que transitaban rumbo a la estación del ferrocarril de Marangani; de manera que la chicha amarilla preparada en el pueblo por Doña Pilar Velarde era la bebida infaltable todos los días del año.
Escribe: MBA Luis Achahuanco Segovia
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