Mundial 2026: empieza la Copa más grande de la historia
Hoy empieza el Mundial 2026 y, como corresponde a todo gran acontecimiento humano, llega envuelto en entusiasmo, cálculos, promesas, quejas y esa fe irracional que convierte a millones de personas sensatas en técnicos de selección.
Desde el Perú miraremos el Mundial con pena por no ver a nuestra selección alli,pero si con entusiasmo, ironía, nostalgia y opinión abundante. No estaremos en la cancha, pero estaremos en la conversación.
La pelota rodará en el Estadio Azteca de Ciudad de México, con el partido inaugural entre México y Sudáfrica. No es un escenario cualquiera: el viejo templo mexicano vuelve a abrir una Copa del Mundo.
Este será el Mundial más grande de todos: 48 selecciones, 104 partidos, tres países anfitriones —México, Estados Unidos y Canadá— y 39 días de fútbol casi ininterrumpido.
La FIFA ha agrandado la fiesta, seguramente mas que por amor al deporte y por razones más contables.
El nuevo formato tendrá 12 grupos de cuatro equipos. Clasificarán los dos primeros de cada grupo y los ocho mejores terceros. En sencillo: habrá más partidos, más cuentas, más ilusiones para los chicos y más posibilidades de que alguna potencia termine haciendo matemáticas con cara de funeral.
En la previa, las predicciones ya salieron al campo. La supercomputadora de Opta coloca a España como gran favorita, seguida por Francia, Inglaterra y Argentina. España llega con juventud y fútbol; Francia, con una plantilla temible; Inglaterra, con su eterna mezcla de talento y ansiedad; y Argentina, actual campeona, con el peso hermoso y peligroso de defender una corona.
Brasil aparece algo más abajo en los cálculos, pero Brasil nunca llega realmente descartado a un Mundial. Puede llegar discutido, confundido o con medio país renegando del entrenador, pero sigue siendo Brasil. Y eso, en fútbol, todavía pesa.
Portugal también figura entre los candidatos y despierta simpatías especiales, incluso entre muchos peruanos que, al no tener selección propia en la fiesta, adoptarán alguna causa extranjera con la dignidad resignada del invitado sin tarjeta.
Los modelos estadísticos, las casas de apuestas y hasta los bancos de inversión han hecho sus pronósticos. Todo muy serio, muy técnico, muy matemático. Hasta que un arquero se ilumina, un defensa resbala o un muchacho desconocido mete un gol imposible y manda al diablo la estadística con la inocencia de quien no leyó el informe.
Ese es el encanto del Mundial. Las probabilidades sirven para conversar, no para sentenciar. Incluso se habla de una posibilidad importante de que aparezca un campeón nuevo. Y esa sola sospecha basta para encender la imaginación.
Por supuesto, no todo es fiesta. El torneo llega con entradas carísimas, críticas logísticas y la sensación de que el fútbol moderno se parece cada vez más a un espectáculo reservado para quienes pueden pagar la emoción a precio internacional. La pelota sigue siendo redonda, sí, pero alrededor de ella se ha levantado una maquinaria enorme, brillante y a ratos incómoda.
Aun así, cuando empiece el partido inaugural, buena parte del mundo hará lo de siempre: mirar la pantalla, discutir una falta mínima como si fuera asunto de Estado y creer, durante noventa minutos, que la vida puede ordenarse alrededor de una pelota.
Hoy comienza la Copa más grande de la historia. La pregunta vuelve intacta: ¿quién será el nuevo rey del fútbol?
La respuesta, felizmente, todavía no la tiene nadie. Ni siquiera la supercomputadora.
Aquí, el mejor esquema que podrás conseguir acerca de todo el mundial.