(Remembranza)
Terminada la Primaria en mi tierra Huanipaca, me trajeron en 1972 a estudiar Secundaria en el colegio “Miguel Grau”. Muchachito de 13 años abriéndose la vida al mundo, dejando atrás los chacrales, riales, bosquedales, manantiales, vendavales, animales, noches celestiales y auroras majestuales que moldearon mi infancia con algo de melancolía valdelomariana, con un poco de tristeza vallejiana pero también con mucho de la alegría paisajística virgiliana.
Conocí Abancay cuando era un poblado con tres o cuatro calles pavimentadas y unos dos tres taxis que era un espectáculo verlos pasar. El resto de las vías o trochas eran polvo al viento bajo un sol abrasador. Las casas mayoritariamente de adobe con olor a moho del tiempo.
El glorioso colegio Grau, rodeado de eucaliptales, estaba en el campo, fuera de la ciudad, en Chinchichaca, formando a tantas generaciones de estudiantes que llevamos la chompa roja con orgullo de corazón mostrándola respetuosamente donde sea, cuando sea y a quien sea.
Pues hablando de la capilla del Señor de la Caída, que no recuerdo ya cuántas caídas tuvo, pero estoy seguro que son muchísimas menos veces que mis caídas y levantadas de humano pecador, debo confesar que viví unos meses en primero de secundaria al frente de la Capilla, en casa del señor David Torres y esposa Zoila González, cuyo hijo David Torres (profesor y futbolista) puede dar fe de ello en aras de la verdad.
Como estudiábamos tarde y mañana de lunes a viernes, más el sábado hasta el mediodía, de todos modos éramos pequeños ladroncitos del tiempo para darnos una pichanguita los chiquitines del barrio en el patio-pista de la Capilla cuyo frontis (una puerta al medio de dos ventanas) eran objeto del permanente “bolaceo” con la pelota.
Felizmente no nos expulsaron ni excomulgaron por bolacear y manchar el frontis de la casa de Dios. Seguramente generosidad y comprensión con la gente menuda que no tenía dónde hacer alguito de deporte. Ahora abundan las canchitas deportivas, pero hay que pagar. Nosotros jugábamos gratis.
CAPILLA SEÑOR DE LA CAÍDA
(Décima)
Nuestra querida Capilla hay que retechar
porque es la bendecida casa del Señor
donde alivia penas el cristiano pecador.
En las cosas buenas de la fe: colaborar.
dando gracias a la tierra, al cielo y el mar.
Si no techamos, la lluvia nos va a mojar.
En el padre Santi se dibuja la alegría:
la Capilla bajo nuevo techo en la homilía.
padre Doroteo indica que más me quiera Motta,
y ella con humildad perruna toma nota.
¡Está de lindos colores este bello día!