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Las tardes abanquinas siempre tuvieron como corolario perfecto el lonche familiar. No sólo por el pan común o el taparaco que acompañaba al café tostado en una costumbre heredada de las abuelas, sino porque en ese ritual también había términos en el lenguaje abanquino, que nos otorgaban identidad. Casi todos teníamos en casa una “callana” o “callanita” para tostar el café, que luego era molido y pasado para disfrutarlo juntos en la mesa. Ese lenguaje inacabable de los abanquinos, que en algunos casos lo entendemos en sus particularidades cuando ya estamos en otra ciudad, tenía también su sonido especial cuando hacías el mandado al mercado o a la tienda: “me traes ‘asnapa’ por favor”, nos decía mamá para referirse al …
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No era un loco peligroso de esos que andan por la calle y te pueden agredir. Era más bien un personaje excéntrico, cantor y bohemio. El Abancay de los ochenta era aún una ciudad donde casi todos se conocían y era casi imposible sentirse extraño. El hermano del loco Elías era el cantor oficial del pueblo y grababa discos, pero él prefería la calle y normalmente la medianoche para que, ya camino a su casa, haga pasear su canto y buena voz, con los mejores huaynos, a veces a dúo con su amiga Magda (la más bohemia de las abanquinas) que todos escuchaban desde sus casas. Una mañana, caminando con mi papá por la calle Arequipa, nos cruzamos con el …
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EL CLÁSICO DE BASKET “KETAL – LA SALLE”
por Ibo Urbiolapor Ibo Urbiola 505 vistasNo recuerdo muy bien cuándo fue la primera vez que fui al estadio El Olivo a ver fútbol, pero sí recuerdo que en 1977 fui por primera vez -con cinco años de edad- a ver basket en el Coliseo de Pueblo Libre, en Abancay: Un equipo llamado “Amistad” daba un espectáculo cuando con el marcador holgado a su favor, hacía divertir al público con los torpes y bromistas malabares que hacían con la pelota el loco Danilo Luna y el flaco Lucho Chenet, tan deportistas como graciosos. A finales de los setenta, ya llegaban equipos del Cusco, y Abancay comenzaba a darle más importancia al basket. El gran nivel llegaría con los ochenta, como también la moda del basket incluso …
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HAY QUE DECIR “MAESTRO” PARA ENTRAR AL CINE
por Ibo Urbiolapor Ibo Urbiola 548 vistas“No se moleste, maestro”. Pero se molestaba. Eliseo se molestaba, de verdad. Era atento y trabajador, el “mil oficios” de uno de los cines de Abancay. Un día estaba en la boletería, al otro pegando el cartel que anunciaba la nueva película y al otro controlando la entrada a “galería” a mitad de la pequeña cuadra que bajaba desde la calle Arequipa hasta la calle Lima. La palomillada de los jóvenes le sacaba de sus casillas. Por qué le molestaba tanto la palabra? La primera vez que fui testigo de su reacción -de la que ya sabía por lo que contaban los más forajidos del colegio-, estaba mirando zapatos en “Bata”, mi primo Jhaynor le decía a su acompañante con …
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“Con el loco Bedoya 11 es buena nota”. Era profesor de Educación Artística. Cuando uno entraba a la secundaria del Grau, el colegio centenario de Abancay, escuchaba esa frase, acompañada de diversas historias sobre el profesor más exigente, que en muchos casos sonaban a leyendas. No sé si todo lo que contaban sobre él era verdad, pero uno sentía la expectativa de conocerlo y estar en una clase suya. Fue un profesor para ese tiempo. Tal vez ahora no hubiera podido imponer su estilo, pero cuando uno conversa con los ex alumnos del popular loco Bedoya, casi todos tienen un buen recuerdo y a pesar de su difícil carácter, casi todos agradecen haber tenido la oportunidad de pasar por la …
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“Te imaginas jugar cinco partidos a estadio lleno en el Estadio Nacional?”. La remembranza, a más de cuarenta años de la hazaña, era del chuño Batallanos, recordado crack del fútbol abanquino. Nos encontramos en Lima hace un par de años con un grupo de abanquinos en San Miguel y jugamos fulbito con él, algo que que para nosotros, sus menores, tenía un significado especial porque siendo colegiales íbamos al estadio a verlo jugar como capitán del Grau. En esa conversación luego del partido, entre amigos, el chuño recordaba la final de la Copa Perú de 1976. Ese año, fue la primera vez que un equipo apurimeño llegaba a esa gran final. Los seis equipos de todo el Perú que clasificaron …
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“Una cañita pues, con los amigos, o ya te has olvidado”. El tapón López estaba junto a un grupo de amigos en uno de los locales frente al cementerio, de donde yo salía luego de una visita que es habitual en cada regreso a Abancay. Nos saludamos con la efusividad que en estos tiempos se extraña. No conocía a todos, pero era evidente que eran grauinos, igual que yo. Todas las anécdotas tenían la añoranza de la época del colegio: de las clases, los profesores, los recreos, los juegos, las papas rellenas de la tía lora y las primeras veces que los más “adelantados” se habían emborrachado. El tapón era de mi promoción. En el entusiasmo del momento contó una …
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Había un tiempo en el que todos nos conocíamos. No era raro caminar por la calle y saludar a todo el mundo. Abancay, hasta los ochenta, era una ciudad de abanquinos. Había lugares comunes: la Plaza de Armas para juntarse con los amigos, las peluquerías donde no sólo ibas a cortarte el cabello sino también a leer una revista… o las tertulias interminables de los viejos en los parques, donde no era raro escuchar un debate sobre un libro interesante o sobre corrientes literarias. Las actividades laborales terminaban a las cinco de la tarde. Y las costumbres posteriores pintaban a la ciudad, como en un cuento literario, en un lugar de historias paralelas donde hasta las risas en una esquina …
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“No hay abanquino que no sepa nadar”. Esa frase estaba siempre acompañada de historias fantásticas. Dependiendo de quién las cuente, conocimos de cerca las travesuras en el río de las que hablaba la generación de nuestros padres, cuando no sólo se aprendía a nadar en las posas hechas con piedras en el río Mariño, sino también a jugar a ser tarzán, colgados de las ramas y donde las caídas produjeron más de un accidente que dejaba cicatrices inolvidables. Era Abancay en los años cincuenta y sesenta. En los ochenta, seguimos con la tradición y las travesuras en el río. No era raro encontrarte con algún grupo otro de barrio, con quienes hacíamos contrapunto sobre la mejor forma de lanzarse en …
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La generación joven de los ochenta tal vez no conoció mucho a don Efra, pero sí a sus hijos, los hermanos Gamarra. Deportistas y multifacéticos. Los podías ver de repente pasando en una antigua camioneta Fargo, la única de esa marca en Abancay. Ese carro anaranjado descubierto en la parte trasera, podía llevar a una decena de personas en los domingos de carnaval, cuando los niños y jóvenes abanquinos salíamos a las calles no sólo con globos de agua, sino con harina y hasta con “aceite quemado” de carro, para dejar sin posibilidad de uso futuro las ropas que ese día terminaban mojadas y negras. Efraín, el mayor de los hermanos, era profesor de Electricidad, una especialidad de Formación Laboral …
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A nosotros nos contaron que en los amaneceres del viernes santo, nuestros abuelos despertaban a nuestros padres con algún latigazo para compartir el dolor de Cristo por nuestros pecados. El “resacuy” de la antigua costumbre, continuó -medio en broma y medio en serio- en nuestra generación. Era la oportunidad de darle un par de correazos correctivos al hijo que se estaba portando mal, arropados en la inmunidad le daba a nuestros padres la costumbre heredada de la antigua Semana Santa de nuestros ancestros. “Vamos a Illanya?”. Ya siendo adolescentes y jóvenes la inquietud era ir a la Capilla del Señor de Illanya, a las afueras de la ciudad de Abancay, en un recorrido por un camino estrecho. Obviamente, la sana …
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La expectativa era grande en Abancay. Así como esperábamos ver el nuevo récord en las olimpiadas que seguíamos cada cuatro años por la televisión, también seguíamos con atención la tradición de La Salle, que cada año organizaba las Olimpiadas del Instituto Superior Pedagógico. “Alguien le ganará en cien metros al flaco Bravo?”. Las tribunas del estadio El Olivo se llenaban para ver las diversas competencias. Cada año de estudios de los cuatro que tenía la carrera de Educación, buscaba a sus mejores representantes para las carreras de atletismo y para organizar sus equipos de fútbol, básket y voley, que durante una semana competían en búsqueda de la gloria. Las Olimpiadas de La Salle, trascendían al Instituto. Tal vez por eso …
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Cosa de grandes y cosa de niños. En épocas del colegio, en el Grau, algunos problemas se resolvían a las trompadas en el lugar que para muchos era el escenario perfecto. Casi todos llegamos a ser de alguna manera, protagonistas en “la pampita de la muerte”, sea como uno de los bronqueros o como parte del grupo de apoyo de alguno de los púgiles. La “B”. Esa era mi sección. El primer día de clases, en abril de 1978, nos recibía en la puerta del aula la profesora Lilia Bustamante, como de seguro Hilda Cuaresma recibía a mis amigos de la “A”. Señoras profesoras, pacientes, inteligentes y siempre atinadas para enseñarnos, alentarnos y también rectificarnos. Claro, ellas no sabían lo …
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Desde las improvisadas voces con el andar zigzagueante en las calles, hasta los cantantes y grupos musicales en los grandes eventos, Abancay siempre se recuerda en alguna melodía que nos transporta a momentos y a lugares comunes. Las letras provocadoras de un carnaval o la poesía convertida casi en himno de la composición de Pepe Garay cuando canta “Si vienes a mi Abancay”, son parte de la primera identidad que se siente en cualquier parte del mundo. Diría el recordado viejo Vargas en una de las fugas más populares al lado del gran cholo Sullcahuamán: “Es así o no es así?”. Sin embargo, la música trasciende a las melodías que componen nuestra andina identidad. Los que pertenecen a generaciones anteriores …
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Ya no es la gracia televisiva de Nemesio Chupaca que arrancó carcajadas. Aunque, la verdad, a muchos abanquinos no les gustaba el testimonio de Tulio Loza del “pueblo chiquitito”, ese de una sola farmacia y un solo cine, donde -en el testimonio del famoso cholo- llegaban las películas tan cortadas que cuando pasaron “La Pasión de Cristo”, Jesús no aparecía para nada. Pero, la chispa abanquina está más bien en la improvisación del momento, en la reacción espontánea y en la gracia natural en cualquier lugar y en cualquier ocasión. La generación posterior a Tulio, no contaría sobre la película cortada, y más bien gritaría “turco ratero” en el cine Nilo, en alusión al apellido del dueño, cuando una película …
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Si todos los abanquinos tenemos un gusto especial por el pan, es porque el pan es abanquino. Y esta no es una frase nacida en alguna discusión que produce una respuesta chauvinista. No. El pan, con todas sus variedades y con el sabor más especial es el abanquino. El testimonio en tiempos actuales del pacclo Quintana y su esposa Soraya debe ser muy interesante, porque hay abanquinos que cruzaron toda la ciudad de Lima, desde el Callao hasta La Molina para comprar unos taparacos para el lonche. La tía Julia, mamá de los músicos Palomino, decía que hacía pedidos para abanquinos que iban a viajar al extranjero. Sus hijos, algunos también en Lima en los años siguientes, seguirían la tradición. …
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De seguro, seguiríamos yendo a pie a Condebamba. Y luego, al volver, doblaríamos a la izquierda en la bajadita antes de llegar al puente y tomaríamos ese camino de tierra que nos llevaba a piscina Cristal y literalmente al Edén. Esas largas caminatas eran una costumbre en los ochenta. Los taxis sólo eran para algún caso excepcional y todos los taxistas eran conocidos. Paraban a la altura de “El Chinito”, en la esquina de las calles Arequipa y Huancavelica. Había un teléfono en la calle, donde se les podía llamar y hasta podías elegir al taxista de tu confianza mencionando su nombre. Era vísperas del 28 de abril, el aniversario de Apurímac. Los DJ de los programas juveniles del momento …
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Teníamos imaginación y teníamos ingenio. Cuando a veces, algún pequeño en su inocencia pregunta: “Y cómo hacían sin tecnología, sin computadoras ni celulares… cómo se divertían cuando eran niños?”. Y entonces muchos recuerdos vuelan. La infancia en Abancay tenía ingredientes particulares que en todos los casos tiene a los amigos acompañándonos en los juegos, las tontas peleas y las despedidas de cada día en un ambiente de alegría y felicidad. Enero y febrero era para los juegos en el barrio y los campeonatos deportivos vacacionales. Marzo y abril era la época de jugar a tiros (canicas o bolitas es como se llaman en otras ciudades); en el recreo del colegio podíamos recibir el reto: “a cuarta y peta o a …
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En Abancay no hace frío. Es decir, no hace el frío del Cusco o Andahuaylas, ciudades que nos envidiaban por nuestro clima y que trataban de menospreciarnos porque no teníamos aeropuerto. Los abanquinos decíamos en nuestra defensa, que no necesitábamos aeropuerto y que para eso estaban esas dos ciudades que eran nuestras punas. La broma llegaba más allá: Cuando nos tocaba perder en el deporte en alguna de esas dos ciudades, decíamos que nos había chocado la altura. Y es que Abancay está a 2300 msnm y es la ciudad de la eterna primavera, más que Trujillo que también presume de ese calificativo, por supuesto. En el día, el sol y el calorcito nos hacía buscar a un paletero o …
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La calle Arenas fue siempre concurrida. Con los amigos, era el final de las caminatas ochenteras que comenzaban por la calle Arequipa, teniendo una primera parada a la altura de Bata Rímac y en la puerta del Banco de Crédito, donde íbamos a cambiar figuritas del álbum de moda y jugábamos “a picas” en las gradas. Cruzando la calle Nuñez, pasábamos por las agencias de los buses interprovinciales: Señor de Animas, Morales Moralitos, Hidalgo y el tradicional Cóndor de Aymaraes. Quién no recuerda esos viajes? podíamos llegar en 36 horas de Abancay a Lima, el ómnibus podía “plantarse” en las punas ayacuchanas y se convertía en casi un refrigerador. Y eso que no tenía calefacción y siempre había más de …
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En algunos lugares, su presencia era sinónimo de Apurímac. Diez años antes de ser prefecto, a mediados de los años setenta, un encuentro cultural en el Cusco denominado “Inkari”, declaró a Apurímac como la tierra del mejor declamador de poemas y en la Plaza de Armas de la ciudad imperial, mi papá recibía el galardón que después llevó a la casa en Abancay y nos lo mostró con una satisfacción que recuerdo especialmente, porque a mis cuatro años de edad me hizo sentir por primera vez, que era el hijo de alguien importante. Cada 28 de abril, amanecía con una “salva de 21 camaretazos” que nos despertaba bien temprano. Y de pequeño, tal vez como muchos, me preguntaba de qué …
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Había salido persignándose del salón de clases. “No señor director, yo no puedo ser tutor de esa sección. Son unos irreverentes. Graciosos y locos, es verdad… pero quieren tener igualdad ante la autoridad docente. Y yo no soy un loco, coño!”. Era el reclamo del padre Tomás, profesor de religión. Dentro de la tradición del colegio Miguel Grau, le habían designado casi al azar como “tutor” del último salón de quienes ese año hacían promoción de secundaria. No era para menos: algunos ya eran mayores de edad, otros habían vuelto al colegio como licenciados del Ejército y otros pertenecían al típico grupo de pícaros y dicharacheros abanquinos. Era el mítico “Quinto Fe”. En la secundaria, el Grau tenía ocho secciones …
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Hubo un tiempo en el que a los cuatro años de edad, podías salir a jugar a la calle y volver a tu casa para el almuerzo. Claro, probablemente un hermano mayor te cuidaba, pero tenías otros amigos de tu edad o algo mayores con los que compartías los juegos. Era el segundo lustro de los años setenta y vivía en la primera cuadra de la calle Mariscal Gamarra, esa que sube hasta El Olivo y continúa en la calle Seoane para llegar hasta el colegio Grau. Las calles de tierra eran perfectas, podíamos hacer carreteras y túneles, con lagos naturales producto de los charcos que se formaban luego de la lluvia, donde buscábamos esos pequeños animalitos a los que …
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EL TÍO BIZCOCHO Y EL EQUILIBRISTA PANCHOLÍN
por Ibo Urbiolapor Ibo Urbiola 741 vistasEn uno de esos reencuentros con los amigos de la calle Unión, alguien recordaba que nunca había sentido más miedo como la tarde cuando jugábamos en el patio de los Cáceres Vizcarra, y pasó por debajo de la repisa donde estaba el mono Pancholín y éste le agarró el cabello como acariciándolo. No era para menos, casi preferíamos no jugar allí porque le teníamos miedo al mono, que aunque siempre estaba sujetado por una cadena, se sobresaltaba cuando nos veía y caminaba de un lado a otro con cierta desesperación. La casa fue siempre de la familia Vizcarra Valer. Una de las hermanas mayores, que se fue a vivir a la selva, había traído al famoso Pancholín del que se …
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El sonido de la tinya y el violín significaba el final intempestivo de los juegos callejeros. Entre el 4 y el 6 de enero, en una costumbre permanente por la “Bajada de Reyes”, los negrillos Sauñe recorrían las calles de Abancay, ataviados de trajes de luces y máscaras que generaban un misterio adicional sobre los personajes ocultos que danzaban incansablemente al ritmo “Chin-chin-chin”. El ruido fuerte del bombo, el platillo y la tinya, era adornado por melodías agradables del violín andino que era una rara mezcla de festividad y melancolía. Era el Perú profundo. Desde los niños que corrían hasta la esquina más cercana y acompañaban el recorrido de los negrillos, hasta los más jóvenes y mayores que iban a …
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La herencia del verbo y la caballerosidad tuvo en el ojocho Urbiola a uno de sus mejores exponentes abanquinos. Terminó siendo profesor, tal vez porque hay destinos inevitables que representan la síntesis dialéctica de la personalidad y el estilo. Mi primo Alfredo es hijo de Lucho Urbiola, conocido alcaide por muchos años de la cárcel San Idelfonso de Abancay. El ojocho fue siempre cortez y amable. “Le saludo atentamente, mi dilecto y apreciado profesor”, le dijo alguna vez al profesor Gama Miranda ya siendo su ex alumno. Se lo dijo en voz alta, de vereda a vereda caminando por la avenida Díaz Bárcenas. El saludo hizo que el antiguo profesor del Grau se detenga un momento ante la sorpresa de …
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(A un año de su partida a la casa del Padre) Por obra del alzhéimer, este hombre de Dios fue perdiendo poco a poco la memoria inmediata. Se olvidaba de todo y sólo vivía el presente. La oración continua se había convertido en su “deporte” y “trabajo” favoritos. Cuando todavía podía moverse, acudía a los despachos de la Parroquia arrastrando los pies, varias veces al día. —¿En qué día estamos? ¡Ayúdenme, porque no me acuerdo de si he rezado el Breviario! (oración litúrgica que rezamos sacerdotes y religiosos). —Que yo sepa, usted ha rezado el Oficio de Lectura. Ahora le tocan las Laudes. —¡Ah, gracias! ¡Es que estoy despistado! —Y se regresaba a su habitación a orar, leer y estudiar. …
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AUKAPANAMAYO: ESCENARIO DE LA BATALLA DE ABANCAY
por Hugo Viladegut Bush 903 vistas¿En qué parte de Abancay quedó enterrado el tesoro de Atahuallpa que traían los pizarristas? Todo parece indicar que fue en un remoto lugar camino a Amoca en territorio de Aymaraes. Febrero es un mes de lluvias intensas, huaycos, rayos y truenos en la quebrada del serpeante río Aukapanamayo. Imposible cruzarlo teniendo encima los ojos de la soldadesca almagrista en la otra orilla del río que ahora es Pachachaca. Diego de Almagro había tenido diferencias insalvables con Pizarro por el reparto del tesoro de Atahualpa. Abandonó al ejército conquistador y con sus huestes marchó hacia el Sur hasta Cabo de Hornos en Chile. Su objetivo apoderarse del Cusco fundando «La Nueva Toledo». De regreso cruzando el desierto de Atacama subió …
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“Cuando a principios de la década del 40, niño aun, y en mi condición de estudiante del Centro Educativo 661 de Abancay, Mi Pueblo, ubicado en un enclave interandino, mi profesor de ese entonces Alberto Pinto, cariñosamente llamado “el Profe” por todos sus discípulos, programo una excursión al pueblito de Cachora, pero antes había que pasar por SAYWITE, paraje donde se encuentran los enigmáticos monolitos, consistentes en una piedra de ceremonias étnicas, un Intihuatana y una piedra ecológica o de control del tiempo, apenas estuve frente a estos portentosos logros de arte y ciencia del pasado, mi inquietud fue indagar que ciencia estudiaba estos restos, en ese entonces me manifestaron que era la Arqueología. Desde ese entonces el único sino …
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LA PROMOCIÓN CENTENARIO MG 1989 Y SU MÍTICO EQUIPO DE BASKET
por Ibo Urbiolapor Ibo Urbiola 650 vistas(Con mi saludo a los grauinos, comparto este artículo que escribí para el Diario Chaski, en la víspera del reencuentro del año 2014) “Nosotros le ganaremos al Ciencias en el Cusco”, repetía Héctor Mantilla antes de viajar a la ciudad imperial en aquel inolvidable 1989. Era una afirmación atrevida, porque si bien el Colegio Miguel Grau había tenido selecciones de basket de nivel, que casi siempre ganaban en Apurímac en partidos de infarto contra Andahuaylas, de la etapa regional se volvía siempre con la misma frase: “Le ganamos a Madre de Dios y a Puno y perdimos contra el Ciencias del Cusco”. Años antes, había intentado convencer al personaje en mención –mi amigo de infancia- de asistir a la final …
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El 19 de julio de 2007, con 90 años de edad, Mons. Enrique Pélach y Feliú, gran obispo y pastor de la diócesis de Abancay, partió hacia la casa del Padre. Sus restos mortales, sepultados en la Catedral de Abancay, son visitados por sus devotos, quienes son bendecidos por su intercesión. Con la perspectiva del tiempo, la obra de Mons. Pélach aparece, si cabe, más grandiosa. Sobresale el Seminario Mayor, donde se formaron decenas de sacerdotes. En efecto, Mons. Enrique y sus misioneros decidieron dar prioridad a la formación de sacerdotes autóctonos. Valía la pena que la pastoral ordinaria de la diócesis marchase en esta dirección: lo urgente puede esperar, lo importante no debe esperar. La construcción y la remodelación …
