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La vida sigue fluyendo sin detenerse, con el ritmo que le impone una invisible dinámica que asfixia y genera, muchas veces, angustia en su uniforme diaria existencia.
Su fatiga y cansancio se hacen mayores cuando se siente desarraigo, cuando el ser carece de referencias de identidad como individuo y como sociedad donde aferrar su persona.
Mirar el futuro con la memoria del ayer, recordar para volver y realimentar formas de llenar el vacío es, seguramente, el mejor regalo que un hijo puede ofrecerle a su madre ausente, después de haber partido con sentido o sin él.
¿Cuántos lustros han pasado desde que los hermanos Garay Vallenas se fueron de nuestro suelo abanquino?
Solo ellos lo saben.
La certeza es que su ausencia ha dejado un vacío, una isla de silencio, una hoja seca, invierno y soledad en aquella esquina de sol, lar querido en la Plaza de Armas.
Como para consolar aquel viaje sin retorno, a disgusto de irse como pluma al viento, uno de los Garay Vallenas, José Manuel —Pepe, en nuestro coloquio—, ha puesto notas a bemoles y pentagrama, deshojando versos del alma en su feliz himno:
SI VIENES A MI ABANCAY, canción de todos los abanquinos que hemos salido de nuestro suelo, pero también de quienes hospedan su vivir en esta tierra de prodigio.
Así, la pegajosa melodía se ha convertido en una feliz garantía en la memoria colectiva; la cadena sin peso que nos ata, el hilo que teje, la vértebra que une adiós y despedida; raíz, aroma e identidad; rasgo decidido y definitivo de ser tierra del Ampay, aire tibio de la intinpa y el pisonay de roja pajarita.
También es historia consagrada en Micaela, el rumor del Mariño, la Bella Abanquina, Pachachaca y sus mosquitos. Encanto y fragancia, aromas y rumores, polvo y, cómo no, olvido, se han perfilado con precisión y sencillez en los versos y la melodía que Pepe Garay Vallenas ha definido desde cada fibra y latido de su corazón abanquino, haciendo que los pliegues de otras cobijas abriguen con igual calidez maternal los ausentes abrazos de nuestro suelo.
El momento de reconocimiento que hoy recibe Pepe seguramente rocía de felicidad la vida celeste de sus padres, los padrinos José Manuel Garay y Lucrecia Vallenas, y la de grandes amigos, como mi hermano Lino Pinto Sotelo, entrañable amigo y hermano de José Manuel. Asimismo, resuena aquí y ahora el plural sentido de gratitud y orgullo de todos quienes presencian este instante de eterno y merecido premio.
Pepe querido, mis abrazos sienten tu ausencia, pero, en la longitud de la distancia, mi corazón aplaude con orgullo ese jubiloso himno tuyo, junto a la plenitud de saberme abanquina.
Intinpa
Lima, 2 de noviembre de 2026.
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Gracias
Tany tu artículo llega al corazón y despierta la memoria de quienes llevamos a Abancay profundamente arraigado en el alma. Nos regala una hermosa evocación de nuestra tierra, entre nostalgias, afectos, amistades y ese sentimiento de pertenencia que ni el tiempo ni la distancia consiguen borrar. Coonvierte la canción de Pepe Garay Vallenas en un símbolo de identidad y reencuentro con nuestras raíces. Un homenaje que trasciende la música para hablarnos de lo que significa ser abanquino. ¡Felicitaciones, Tany, por esta sentida y hermosa reflexión! Abancay no es solamente un lugar: es una parte inseparable de nosotros.