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  • Abancay: ciudad del sol risueño y del valle encantado Abancay es una ciudad de alegre semblante y singular hermosura, envuelta en la lujuriante vegetación de una naturaleza siempre en fiesta. Se cobija, como en un abrazo maternal, en un apacible valle de clima suave y benevolente, esculpido entre los brazos de la cordillera andina, donde el cielo, de un azul perfecto, se rinde ante el reinado altivo del sol, que aquí, más que astro, parece anfitrión. Es, sin duda, una de las ciudades más antiguas, bellas y representativas del Perú, un relicario viviente donde coexisten, en armonía sorprendente, la historia, la modernidad, la belleza y la naturaleza. Es, si se me permite la licencia, una sinfonía arquitectónica donde lo colonial, …

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  • «Los Negrillos Adoradores» es la danza más importante de Santiago de Abancay. Es una tradición que llega con los conquistadores españoles. Éstos fueron descendientes de los árabes beduinos. Habían conquistado los territorios de Andalucía. La Provincia de Córdoba fue su sede durante más de 5 siglos. Al llegar los españoles trajeron esa cultura que explica la memoria colectiva abanquina. Así es como llegan los rasos de seda para los trajes de gala. Los panes orneados en pisos de ladrillo y con techo de bóveda. Las dalias, geranios, rosas, jazmines y claveles. La naranja agria, el limón real, las palmeras datileras, los paltos. El romerillo, la yerba Luisa y el aromático orégano. Los espejos andaluces, la pedrería de la vestimenta y …

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  • El sol del mediodía tostaba inmisericorde. El viento soplaba con fuerza, levantando polvareda cargada de arenilla, que me latigaba el rostro y se metía en los ojos. En millones de años —con perseverancia y constancia, como todos los ríos del mundo—, el Pachachaca ha ido abriéndose paso entre las montañas, rompiendo las entrañas de los Andes. ¡Pachachaca, río andino, ¿adónde vas sin parar?! Sentado a su orilla, me divertía lanzando cantos rodados (qollostas, decimos en quechua) a la correntada. El río me correspondía salpicándome sus aguas. También me distraje echando piedrecillas planas a ras de las aguas. Los guijarros, en pocos segundos, dando saltitos cada vez más pequeños, se sumergían en el centro del río… Una vez más, los cuestionamientos …

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  • Alguien me envió un dibujo del astro rey, el Sol, del tamaño de la palma de una mano. Junto a él, los nueve planetas, según sus tamaños. La tierra es apenas visible, como un granito de arena. El dibujo está adorando por una flecha que apunta a ese puntito con una leyenda: “Aquí vive usted”. En efecto, cuando estudias un poquito de astronomía, descubres dónde se halla nuestro sistema solar, a un costadito de la Vía Láctea. Y dentro de ese puntito es donde vivimos; ahí trajinamos, enfrascados en mil actividades: amores, odios, nacimientos, sufrimientos, muerte… Los pocos años que vivimos en este mundo, dan cierta perspectiva para pensar en la existencia, que es nada y peor que nada, si …

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  • La lluvia empezaba a caer y un aroma a tierra mojaba inundaba el ambiente. Desde Condebamba, todavía se veían las luces tenues de los faroles de las haciendas ubicadas en la margen derecha del río Mariño y a un costado del principal camino inca (Qhapaq Ñan) que atravesaba la hermosa campiña de Abancay El nombre de Condebamba, posiblemente le hayan puesto los moradores del lugar para identificar ese pedazo de suelo reservado para unos condes que llegaron, de paso al Cusco y, de tanto decir “este es el lugar de los condes” en su idioma nativo, con el tiempo y, por abreviación, pasó a ser “Condebamba” porque, después de la conquista, era muy frecuente ver camino al Cusco a muchos …

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  • Cuando vienen las lluvias, también se carga el rio de Lambrama. En los estrechos y las cascadas salta rugiendo como un león. Solo llegando a los rellanos de Matará, por pocos metros, descansa un poquito, para seguir con su loca carrera. En miles de años, el río de Lambrama ha ido abriéndose paso por entre las montañas. Aquellos cerros, adustos e inmóviles, son testigos mudos de la ferocidad de esas aguas. Una tarde, después de una Misa en Caype (que por cierto es una gran reliquia de arte, de arquitectura, de fe y de historia, diría que es la única en su género dentro de la provincia de Abancay), volvía a casa. Y llegando a Matará, me apeé a las …

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  • Ser zurdo es una lotería que a uno le puede o no tocar. No se elige ser zurdo, simplemente ocurre, eso mismo pasa con el diestro y el ambidiestro.Se dice que los zurdos tienen más facilidad para acceder a los dos lados del cerebro y algunas habilidades que los aventajan a los diestros por su buena coordinación de su brazo izquierdo con el ojo.En el fútbol, por ejemplo, son muy difíciles de marcar por su juego impredecible y virtuoso, como es el caso de César Cueto “El Poeta de la Zurda” y en el vóley Cecilia Tait “La Zurda de Oro”.Los zurdos, son también buenos en el arte, por su creatividad. Sin embargo, tienen algunas dificultades, porque las cosas generalmente …

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  • A mitad del Siglo XX, detrás de las montañas que bordean el río Apurímac, entre Curahuasi y Limatambo, se asentaban varias haciendas que producían caña de azúcar y destilaban aguardiente. Los artesanos que vivían allí, como colonos, se dedicaban a la confección de odres de piel de chivo, recipiente muy solicitado para el transporte del codiciado licor de caña. El pastoreo de chivos era una actividad rentable por su carne y su cuero. Tanta importancia adquirió que Luis Abanto Morales, “EL Cantor del Pueblo” le dedicó el huayno “Las Barbas de mi Chivato” que se hizo muy popular. Lo penoso era que, para extraerles la piel y hacer los odres, los animales eran desollados cuando aún estaban agonizando, antes que …

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  • A fines de los años cincuenta, del pasado Siglo XX, eran muy pocos los carros que tenían radio. Para mantenerse despiertos, en sus largos y soporíferos viajes, los conductores de pesados camiones se distraían cantando a viva voz, sin importarles que tengan o no buena voz, seguramente porque estaban seguros que nadie, excepto sus ayudantes, los escuchaban. El problema era para el ayudante un mozo fornido, hábil, y dispuesto a hacer de todo. Era, como se acostumbraba decir en ese tiempo, “fiel al castigo” porque siempre estaba al lado del chofer en las buenas y en las malas, en las autopistas asfaltadas o en las polvorientas trochas, de día o de noche, en la costa, en la sierra o en …

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  • Uno de los científicos más sorprendentes del siglo XVII fue sin duda Samuel Morse, el inventor del telégrafo. Su nombre completo era Samuel Finley Breese Morse, nacido en Charlestown, Massachuset, EEUU, el 27 de abril de 1791 y murió el 2 de abril de 1872 en Nueva York como consecuencia de una pulmonía fulminante. Morse se inició como estudiante en la academia Phillips de Andover, para luego seguir estudios superiores en la universidad de Yale, donde se graduó. Después de pasar una temporada en Londres se establece en Nueva York donde se ganaba la vida como retratista. Insatisfecho con su situación económica y profesional, decide regresar a Europa y es cuando se fascina con los descubrimientos del francés André Marie …

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  • Al medio día el calor en la hacienda era insoportable. Los trabajadores metidos en los cañaverales tenían que soportar temperaturas que sobrepasaban los 35 grados No obstante, los peones seguían dándole a la lampa y al pico, picchando hojas de coca para no sentir sed ni hambre, hasta la hora del cocaví, que sus mujeres les preparaban y llevaban hasta el mismo lugar donde laboraban, merienda que consistía en una porción de cancha de maíz, un picante de berros con queso y un poco de leche y unas cuantas papas cortadas en trozos. Allí, la única forma de darse cuenta del paso del tiempo era viendo desaparecer la sombra de sus cuerpos al ponerse el sol sobre ellos en forma …

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  • Matías conversaba con sus amigos en una esquina de la plaza. En ese momento vio pasar a una señora acompañada de su hija y lo que más le sorprendió fue que sus amigos las saludaran con un respeto casi cortesano, como si se tratase de la reina madre y la princesa, heredera del trono. – ¿Y de dónde salió este angelito? Preguntó. –Ni la mires porque está en el internado del colegio de monjas. Con semejante advertencia, lo único que lograron fue despertar su curiosidad y por eso cuando la muchacha y su madre retronaban por el mismo lugar, la miró con más detenimiento y hasta se atrevió a guiñarle el ojo. Daba la impresión que la jovencita ni cuenta …

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  • Desde muy temprano el sol salía lentamente, abriéndose paso por encima de los cerros que circundaban la ciudad de Abancay, lugar donde nací, no obstante que durante toda la noche había caído una torrencial lluvia aumentando el caudal del Mariño. -Ahh, ¡qué sueño!- exclamé, mientras bostezaba y trataba de abrir los ojos en momentos que los primeros rayos de luz penetraban por la ventana de mi dormitorio, encegueciéndome. Como todos los sábados, seguía tendido en mi cama, acompañado de una terrible modorra, mientras que mi madre y mis abuelos, que ya estaban levantados, ¡cuándo no!, hacían todos los ruidos posibles para anunciarme que ya era un nuevo día. Lo único que yo deseaba era seguir en posición de cubito dorsal …

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  • Mis abuelos tenían una extensa propiedad en Abancay conocida como la Quinta Infantas, tan grande como para perderse entre los árboles frutales, los recovecos y los alfalfares y cultivos de hortalizas. Allí viví los días más felices de mi infancia y adolescencia. En la propiedad, no obstante de estar ubicada en las afueras de la ciudad, era imposible sentirme sólo porque casi a diario venían mis primos, amigos y compañeros de estudio. Y claro, con ellos, jamás me podía aburrir, ni siquiera estudiando. Hasta eso nos divertía porque lo hacíamos caminando a orillas del río, acompañados por el rumor de las aguas y, de rato en rato, nos poníamos a cantar aquellos viejos temas que nos obligaban a elevar la …

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  • Francisco y Liborio, hijos de conocidos agricultores y vecinos de Tamburco, distrito bastante cercano a Abancay, retornaban a sus casas muy de madrugada por un camino muy estrecho flanqueado de huarangos, cabuyas y pata kiskas, después de haberse divertido toda la noche en Huanupata, el suburbio más popular de la Capital apurimeña, un barrio frecuentado por jóvenes y adultos, sobre todo en las tardes y noches porque allí se encontraban los más populares huariques, donde se podía beber aguardiente de caña en un copón, al que los parroquianos lo bautizaron como “Patibamba Libre”. Este original trago se tomaba al final de deliciosos picantes, para asentar la comida”. En estos locales, los guitarristas y cantantes aficionados que aspiraban a convertirse en …

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  • A propósito del mes de la Primavera, recuerdo que a principios de la maravillosa década los sesentas, del pasado Siglo XX, Carlos Rojas presentaba su programa “Feliz Amanecer” a través de radio América cuando mi madre me hizo saltar de la cama de un solo grito, recordándome que el tiempo volaba y el cuarto de la ducha me esperaba con las cortinas abiertas. El chorro de agua que caía estaba más fría que tibia. Felizmente que el clima en Abancay es templado y la temperatura del agua es, digamos, soportable, de lo contrario aquel duchazo no me hubiera parecido la suave caricia de una ninfa. Cuando salí del baño, el locutor más oído del Perú de entonces, seguía presentando bellísimas …

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  • “Muchachas de buen corazón”, decía uno de los cánticos más coreados por las chicas del Santa Rosa en las noches deportivas de los ochenta. El colegio femenino regentado por monjas dominicas, tenía paradójicamente a chicas extrovertidas y de ingenio especial. Su uniforme verde con bordes amarillos no hacía contraste con el uniforme rojo y blanco del Miguel Grau, el colegio de varones, pero solían apoyarse mutuamente en las competencias escolares, sobre todo en los respectivos clásicos contra Las Mercedes y el César Vallejo, respectivamente. Los del Grau éramos fans del Santa Rosa y viceversa. Las monjas las cuidaban, cómo no. Pero las reverendas Madres difícilmente salían de los confines del colegio y muchas veces los entrenamientos paralelos nos hizo coincidir …

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  • Hoy, tercer domingo de junio, se conmemora el Día del Padre. Para muchos, por causa de la pandemia, seguramente no será un día de celebración, no obstante, deseo expresar mi saludo a todos los padres de mi país y el mundo, a mis familiares, a mis amigos y seguidores en Facebook, y darles a la distancia un cariñoso abrazo. Decirles que, para un padre, no hay mayor felicidad que estar rodeado de los hijos. Y a quienes tienen la suerte de tenerlos a su lado, recordarles que deberían sentirse las personas más felices. Y, si los han perdido, sobre todo por causa de esta inmisericorde pandemia que afecta al mundo, que tengan resignación y los mantengan en el recuerdo. En …

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  • Las tardes abanquinas siempre tuvieron como corolario perfecto el lonche familiar. No sólo por el pan común o el taparaco que acompañaba al café tostado en una costumbre heredada de las abuelas, sino porque en ese ritual también había términos en el lenguaje abanquino, que nos otorgaban identidad. Casi todos teníamos en casa una “callana” o “callanita” para tostar el café, que luego era molido y pasado para disfrutarlo juntos en la mesa. Ese lenguaje inacabable de los abanquinos, que en algunos casos lo entendemos en sus particularidades cuando ya estamos en otra ciudad, tenía también su sonido especial cuando hacías el mandado al mercado o a la tienda: “me traes ‘asnapa’ por favor”, nos decía mamá para referirse al …

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  • No era un loco peligroso de esos que andan por la calle y te pueden agredir. Era más bien un personaje excéntrico, cantor y bohemio. El Abancay de los ochenta era aún una ciudad donde casi todos se conocían y era casi imposible sentirse extraño. El hermano del loco Elías era el cantor oficial del pueblo y grababa discos, pero él prefería la calle y normalmente la medianoche para que, ya camino a su casa, haga pasear su canto y buena voz, con los mejores huaynos, a veces a dúo con su amiga Magda (la más bohemia de las abanquinas) que todos escuchaban desde sus casas. Una mañana, caminando con mi papá por la calle Arequipa, nos cruzamos con el …

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  • No recuerdo muy bien cuándo fue la primera vez que fui al estadio El Olivo a ver fútbol, pero sí recuerdo que en 1977 fui por primera vez -con cinco años de edad- a ver basket en el Coliseo de Pueblo Libre, en Abancay: Un equipo llamado “Amistad” daba un espectáculo cuando con el marcador holgado a su favor, hacía divertir al público con los torpes y bromistas malabares que hacían con la pelota el loco Danilo Luna y el flaco Lucho Chenet, tan deportistas como graciosos. A finales de los setenta, ya llegaban equipos del Cusco, y Abancay comenzaba a darle más importancia al basket. El gran nivel llegaría con los ochenta, como también la moda del basket incluso …

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  • “No se moleste, maestro”. Pero se molestaba. Eliseo se molestaba, de verdad. Era atento y trabajador, el “mil oficios” de uno de los cines de Abancay. Un día estaba en la boletería, al otro pegando el cartel que anunciaba la nueva película y al otro controlando la entrada a “galería” a mitad de la pequeña cuadra que bajaba desde la calle Arequipa hasta la calle Lima. La palomillada de los jóvenes le sacaba de sus casillas. Por qué le molestaba tanto la palabra? La primera vez que fui testigo de su reacción -de la que ya sabía por lo que contaban los más forajidos del colegio-, estaba mirando zapatos en “Bata”, mi primo Jhaynor le decía a su acompañante con …

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  • “Con el loco Bedoya 11 es buena nota”. Era profesor de Educación Artística. Cuando uno entraba a la secundaria del Grau, el colegio centenario de Abancay, escuchaba esa frase, acompañada de diversas historias sobre el profesor más exigente, que en muchos casos sonaban a leyendas. No sé si todo lo que contaban sobre él era verdad, pero uno sentía la expectativa de conocerlo y estar en una clase suya. Fue un profesor para ese tiempo. Tal vez ahora no hubiera podido imponer su estilo, pero cuando uno conversa con los ex alumnos del popular loco Bedoya, casi todos tienen un buen recuerdo y a pesar de su difícil carácter, casi todos agradecen haber tenido la oportunidad de pasar por la …

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  • “Te imaginas jugar cinco partidos a estadio lleno en el Estadio Nacional?”. La remembranza, a más de cuarenta años de la hazaña, era del chuño Batallanos, recordado crack del fútbol abanquino. Nos encontramos en Lima hace un par de años con un grupo de abanquinos en San Miguel y jugamos fulbito con él, algo que que para nosotros, sus menores, tenía un significado especial porque siendo colegiales íbamos al estadio a verlo jugar como capitán del Grau. En esa conversación luego del partido, entre amigos, el chuño recordaba la final de la Copa Perú de 1976. Ese año, fue la primera vez que un equipo apurimeño llegaba a esa gran final. Los seis equipos de todo el Perú que clasificaron …

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  • “Una cañita pues, con los amigos, o ya te has olvidado”. El tapón López estaba junto a un grupo de amigos en uno de los locales frente al cementerio, de donde yo salía luego de una visita que es habitual en cada regreso a Abancay. Nos saludamos con la efusividad que en estos tiempos se extraña. No conocía a todos, pero era evidente que eran grauinos, igual que yo. Todas las anécdotas tenían la añoranza de la época del colegio: de las clases, los profesores, los recreos, los juegos, las papas rellenas de la tía lora y las primeras veces que los más “adelantados” se habían emborrachado. El tapón era de mi promoción. En el entusiasmo del momento contó una …

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  • Había un tiempo en el que todos nos conocíamos. No era raro caminar por la calle y saludar a todo el mundo. Abancay, hasta los ochenta, era una ciudad de abanquinos. Había lugares comunes: la Plaza de Armas para juntarse con los amigos, las peluquerías donde no sólo ibas a cortarte el cabello sino también a leer una revista… o las tertulias interminables de los viejos en los parques, donde no era raro escuchar un debate sobre un libro interesante o sobre corrientes literarias. Las actividades laborales terminaban a las cinco de la tarde. Y las costumbres posteriores pintaban a la ciudad, como en un cuento literario, en un lugar de historias paralelas donde hasta las risas en una esquina …

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  • “No hay abanquino que no sepa nadar”. Esa frase estaba siempre acompañada de historias fantásticas. Dependiendo de quién las cuente, conocimos de cerca las travesuras en el río de las que hablaba la generación de nuestros padres, cuando no sólo se aprendía a nadar en las posas hechas con piedras en el río Mariño, sino también a jugar a ser tarzán, colgados de las ramas y donde las caídas produjeron más de un accidente que dejaba cicatrices inolvidables. Era Abancay en los años cincuenta y sesenta. En los ochenta, seguimos con la tradición y las travesuras en el río. No era raro encontrarte con algún grupo otro de barrio, con quienes hacíamos contrapunto sobre la mejor forma de lanzarse en …

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  • LetrasNarraciones

    DON EFRA

    por Ibo Urbiola 523 vistas

    La generación joven de los ochenta tal vez no conoció mucho a don Efra, pero sí a sus hijos, los hermanos Gamarra. Deportistas y multifacéticos. Los podías ver de repente pasando en una antigua camioneta Fargo, la única de esa marca en Abancay. Ese carro anaranjado descubierto en la parte trasera, podía llevar a una decena de personas en los domingos de carnaval, cuando los niños y jóvenes abanquinos salíamos a las calles no sólo con globos de agua, sino con harina y hasta con “aceite quemado” de carro, para dejar sin posibilidad de uso futuro las ropas que ese día terminaban mojadas y negras. Efraín, el mayor de los hermanos, era profesor de Electricidad, una especialidad de Formación Laboral …

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  • A nosotros nos contaron que en los amaneceres del viernes santo, nuestros abuelos despertaban a nuestros padres con algún latigazo para compartir el dolor de Cristo por nuestros pecados. El “resacuy” de la antigua costumbre, continuó -medio en broma y medio en serio- en nuestra generación. Era la oportunidad de darle un par de correazos correctivos al hijo que se estaba portando mal, arropados en la inmunidad le daba a nuestros padres la costumbre heredada de la antigua Semana Santa de nuestros ancestros. “Vamos a Illanya?”. Ya siendo adolescentes y jóvenes la inquietud era ir a la Capilla del Señor de Illanya, a las afueras de la ciudad de Abancay, en un recorrido por un camino estrecho. Obviamente, la sana …

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  • La expectativa era grande en Abancay. Así como esperábamos ver el nuevo récord en las olimpiadas que seguíamos cada cuatro años por la televisión, también seguíamos con atención la tradición de La Salle, que cada año organizaba las Olimpiadas del Instituto Superior Pedagógico. “Alguien le ganará en cien metros al flaco Bravo?”. Las tribunas del estadio El Olivo se llenaban para ver las diversas competencias. Cada año de estudios de los cuatro que tenía la carrera de Educación, buscaba a sus mejores representantes para las carreras de atletismo y para organizar sus equipos de fútbol, básket y voley, que durante una semana competían en búsqueda de la gloria. Las Olimpiadas de La Salle, trascendían al Instituto. Tal vez por eso …

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  • Cosa de grandes y cosa de niños. En épocas del colegio, en el Grau, algunos problemas se resolvían a las trompadas en el lugar que para muchos era el escenario perfecto. Casi todos llegamos a ser de alguna manera, protagonistas en “la pampita de la muerte”, sea como uno de los bronqueros o como parte del grupo de apoyo de alguno de los púgiles. La “B”. Esa era mi sección. El primer día de clases, en abril de 1978, nos recibía en la puerta del aula la profesora Lilia Bustamante, como de seguro Hilda Cuaresma recibía a mis amigos de la “A”. Señoras profesoras, pacientes, inteligentes y siempre atinadas para enseñarnos, alentarnos y también rectificarnos. Claro, ellas no sabían lo …

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  • Letras

    DE IMPACTO AL FESTIVAL

    por Ibo Urbiola 472 vistas

    Desde las improvisadas voces con el andar zigzagueante en las calles, hasta los cantantes y grupos musicales en los grandes eventos, Abancay siempre se recuerda en alguna melodía que nos transporta a momentos y a lugares comunes. Las letras provocadoras de un carnaval o la poesía convertida casi en himno de la composición de Pepe Garay cuando canta “Si vienes a mi Abancay”, son parte de la primera identidad que se siente en cualquier parte del mundo. Diría el recordado viejo Vargas en una de las fugas más populares al lado del gran cholo Sullcahuamán: “Es así o no es así?”. Sin embargo, la música trasciende a las melodías que componen nuestra andina identidad. Los que pertenecen a generaciones anteriores …

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  • Letras

    LA CHISPA ES ABANQUINA

    por Ibo Urbiola 434 vistas

    Ya no es la gracia televisiva de Nemesio Chupaca que arrancó carcajadas. Aunque, la verdad, a muchos abanquinos no les gustaba el testimonio de Tulio Loza del “pueblo chiquitito”, ese de una sola farmacia y un solo cine, donde -en el testimonio del famoso cholo- llegaban las películas tan cortadas que cuando pasaron “La Pasión de Cristo”, Jesús no aparecía para nada. Pero, la chispa abanquina está más bien en la improvisación del momento, en la reacción espontánea y en la gracia natural en cualquier lugar y en cualquier ocasión. La generación posterior a Tulio, no contaría sobre la película cortada, y más bien gritaría “turco ratero” en el cine Nilo, en alusión al apellido del dueño, cuando una película …

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  • Si todos los abanquinos tenemos un gusto especial por el pan, es porque el pan es abanquino. Y esta no es una frase nacida en alguna discusión que produce una respuesta chauvinista. No. El pan, con todas sus variedades y con el sabor más especial es el abanquino. El testimonio en tiempos actuales del pacclo Quintana y su esposa Soraya debe ser muy interesante, porque hay abanquinos que cruzaron toda la ciudad de Lima, desde el Callao hasta La Molina para comprar unos taparacos para el lonche. La tía Julia, mamá de los músicos Palomino, decía que hacía pedidos para abanquinos que iban a viajar al extranjero. Sus hijos, algunos también en Lima en los años siguientes, seguirían la tradición. …

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  • De seguro, seguiríamos yendo a pie a Condebamba. Y luego, al volver, doblaríamos a la izquierda en la bajadita antes de llegar al puente y tomaríamos ese camino de tierra que nos llevaba a piscina Cristal y literalmente al Edén. Esas largas caminatas eran una costumbre en los ochenta. Los taxis sólo eran para algún caso excepcional y todos los taxistas eran conocidos. Paraban a la altura de “El Chinito”, en la esquina de las calles Arequipa y Huancavelica. Había un teléfono en la calle, donde se les podía llamar y hasta podías elegir al taxista de tu confianza mencionando su nombre. Era vísperas del 28 de abril, el aniversario de Apurímac. Los DJ de los programas juveniles del momento …

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  • Teníamos imaginación y teníamos ingenio. Cuando a veces, algún pequeño en su inocencia pregunta: “Y cómo hacían sin tecnología, sin computadoras ni celulares… cómo se divertían cuando eran niños?”. Y entonces muchos recuerdos vuelan. La infancia en Abancay tenía ingredientes particulares que en todos los casos tiene a los amigos acompañándonos en los juegos, las tontas peleas y las despedidas de cada día en un ambiente de alegría y felicidad. Enero y febrero era para los juegos en el barrio y los campeonatos deportivos vacacionales. Marzo y abril era la época de jugar a tiros (canicas o bolitas es como se llaman en otras ciudades); en el recreo del colegio podíamos recibir el reto: “a cuarta y peta o a …

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