CAMINOS DEL INCA 2026

por Carlos Antonio Casas
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Reinicio

Cuando el Perú se pone a un lado de la carretera

Para muchos de nosotros, levantarnos temprano es casi una regla cuando llegan los Caminos del Inca: preparar la comida, cargar el celular y subir hasta las alturas para encontrar una buena curva antes del cierre de la carretera. Después vienen las horas de espera, conversando, comiendo, bromeando y preguntándonos: «¿Ya vienen?». Hasta que alguien grita: «¡Ahí están!». Entonces nos levantamos, sacamos los celulares y, en unos segundos, el automóvil pasa rugiendo, levantando polvo y desaparece carretera adelante. Pero, cuidado: por querer grabarlo todo, a veces terminamos mirando la carrera a través de la pantalla y nos perdemos lo mejor: el rugido del motor, la velocidad, el polvo y ese instante que solo se vive una vez.

Eso también es el Caminos del Inca: una fiesta popular sobre ruedas.

Pero este año hay algo más que mirar. La edición 2026 confirma algo que viene ocurriendo desde hace varios años: la carrera ya no es territorio exclusivo de los pilotos capitalinos. La lista de participantes reúne corredores de Ayacucho, Apurímac, Cusco, Junín, Arequipa, Huancavelica, Puno y otras regiones. El Perú de provincias ya no está solamente a la vera de la carretera: también está detrás del volante.

Y si buscamos un ejemplo cercano de este cambio, basta mirar hacia nuestra región. Apurímac tiene una presencia importante con pilotos vinculados a Abancay, Andahuaylas y Curahuasi: Ronmel y Richard Palomino, Wilfredo y Alipio Aysa, Roel Torres, Rosmel Chumpe, William Loa Quispe, Rolynd Juárez y otros representantes que llegan dispuestos a medirse con los grandes nombres del automovilismo nacional.

Los grandes nombres vuelven a la carretera

Y grandes nombres hay, y muchos. Nicolás Fuchs, tres veces ganador de Caminos del Inca y campeón mundial de Rally de Producción en 2013, regresa después de dos años al volante de un Toyota GR Yaris, acompañado por el argentino Fernando Mussano.

También estará Raúl «El Mono» Orlandini, cuatro veces ganador de la competencia, que afrontará su decimoquinta participación con un Mitsubishi Lancer Evolution X y buscará nada menos que su quinta victoria.

A ellos se suman Luis Alayza, ganador de la edición 2019, y el joven Luis Mendoza Jr., múltiple campeón nacional de drifting, ambos junto a Fuchs en el equipo Toyota Gazoo Racing.

Y hay otra novedad que despierta expectativa: Jorge Martínez competirá con el primer Rally2 que llega a los Caminos del Inca, mientras la categoría Rally3 contará con nueve vehículos. La vieja carrera de los Andes sigue cambiando, y las máquinas también cuentan esa historia.

Las mujeres también toman el volante

El automovilismo tampoco quiere seguir siendo un club de hombres. En la nómina aparecen Ashley García, Isaura Huallpartupa, Karem Quispe, Fabiola Medina y Annia Cilloniz, además de mujeres que participan como copilotos. Su presencia demuestra que, entre curvas, polvo y motores, también ellas están ganando espacio en los Caminos del Inca.

Una edición más exigente

Esta edición presenta cambios importantes en el recorrido y, sobre todo, en la intensidad de la competencia. Las seis etapas incorporan varias pruebas especiales, con dos o hasta tres por jornada.

Lima–Huancayo tendrá tres; Huancayo–Ayacucho, tres; Ayacucho–Andahuaylas, dos; Andahuaylas–Abancay–Cusco, tres; Cusco–Puno, tres; y Puno–Arequipa, dos. Esta última incluye una durísima especial de 192,6 kilómetros entre Santa Lucía y Chiguata.

Más kilómetros cronometrados significan más desgaste, más cambios de ritmo y menos margen para equivocarse. Aquí no basta con tener un buen automóvil: también hay que saber administrarlo.

Una fiesta que debemos cuidar

Pero una fiesta necesita responsabilidad. Hay que respetar las zonas señalizadas, mantenernos lejos de la pista y evitar cualquier imprudencia por conseguir una fotografía o una vista más cercana.

Y, especialmente, cuidado con el alcohol. Mientras esperamos los coches podemos conversar, comer, tomar algo, pero no necesitamos convertir la espera en una borrachera. El alcohol reduce los reflejos, altera la percepción del peligro y está estrechamente relacionado con los accidentes de tránsito. Y si vamos a conducir, la regla debería ser sagrada: alcohol, cero.

Los Caminos del Inca cumplen seis décadas desde aquella primera edición de 1966. Sesenta años después, seguimos subiendo a los cerros, esperando durante horas y conteniendo la respiración cuando aparece el primer automóvil.

Porque los Caminos del Inca son mucho más que una competencia: son una fiesta deportiva que el Perú vive en sus carreteras, entre motores, banderas, familias y emoción. Alentemos a nuestros pilotos, disfrutemos el espectáculo y vivámoslo con responsabilidad. Que la carrera nos deje, al final, lo que debe dejar toda buena fiesta: alegría, orgullo y ganas de volver el próximo año.

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